—Patty, dime la verdad. —La tomo por el brazo y la confronto con la mirada; esta vez no lo dejaré pasar—. ¿Qué te traes con el profesor sexy?
Juega con su cabello y esboza una risita nerviosa.
—Pues… —Suspira—. Nada malo, solo que… —Una lágrima corre por su mejilla y mi sangre arde. Espero no sea lo que me imagino.
La arrastro al baño y me aseguro de que estemos solas. Entonces cierro la puerta.
—Habla…
—Tenemos una relación y nos hemos acostado, pero…
—¿Pero? —Me siento rara preguntando por el “pero” cuando todo esto está mal.
—Yo… —Limpia otra lágrima—. Yo estoy embarazada.
Ok… Madison, respira…
—¡¿Estás embarazada?!
—¡Oigan! ¡Abran el maldito baño! —Unos chicos golpean la puerta, mas yo los ignoro.
—¿Cómo que estás embarazada? ¿No se cuidaron?
—Pues sí, pero a él no le gustaba con preservativo, así que me mandó a planificarme…
—¿Y entonces? —Pongo las manos sobre mi cintura, demandando una explicación.
—¡¿Quién demonios está ahí?! ¡Necesito usar el puto baño! —Otra vez esos insoportables inoportunos.
Patty mira en dirección a la puerta. No sé si está aturdida por la insistencia de los chicos o porque teme decírmelo.
—Solo… —Juega con su cabello—. Olvidé tomarlas… Es la primera vez que tengo relaciones sexuales y no sé cómo utilizarlas.
¿Ella me cree idiota?
—¡Salgan de allí, malditos locos! ¡Tengo diarrea con un demonio!
—Pero ¡qué insoportable! —Me topo la frente por la exasperación.
¿Exasperación? Vaya, asistir a la universidad me ha ayudado con mi léxico. ¡Demonios! Hasta dije léxico.
—¡¿Qué no pueden ir a otro tocador?! —grito, perdiendo la paciencia—. ¿Acaso no hay más baños en este lugar?
—¿Una niña? —Escucho al tonto decir, sorprendido—. Dejen de hacer cochinadas en los baños de la universidad. Para eso existen los moteles, depravados irrespetuosos.
—¿Ah? ¡¿Serás estúpido?! —grito, agitada, y lo escucho bufar.
Un extraño sonido llama mi atención.
—¡Se me salen las mierdas, con un demonio!
—¡Vámonos de aquí antes de que estalle el volcán!
Abro la puerta y veo que se hizo una fila como de cinco chicos.
—¡Malditas lesbianas! Pudieron usar el baño de las mujeres para hacer sus cochinadas. —El idiota espeta mientras se aprieta el vientre.
—¡Pues es más delicioso hacerlo en el baño de ustedes! —grito, exasperada.
Patty me agarra por el brazo.
—Si quieren, repiten lo que hacían mientras las observamos. Les pagaremos.
Un pendejo con cara de maniático ofrece con una sonrisa retorcida.
Madison, cálmate…
Camino hacia él con flirteo, quien aprovecha y se me acerca coqueto.
—Oye, amigo. —Uno de los chicos le dice al que se estaba retorciendo en la puerta del baño—. Ya ellas abrieron el baño…
—¡No puedo moverme! —le responde, encogiéndose del dolor.
Un sonido gaseoso se escucha de repente y un olor insoportable inunda el ambiente. Todos empiezan a vociferar y el cagado se pone a llorar. Entonces aprovecho el caos para darle una patada en las bolas al atrevido. Jalo a Patty del brazo, que se encuentra perdida y confundida, y corremos por todo el campus como locas psicópatas.
***
Manuel Alexander
Camino decaído bajo este maldito sol. El pinche auto se volvió a dañar y ya me da vergüenza pedirle a mi padre que me dé dinero para arreglarlo. ¡Soy un fracasado y un mal ejemplo para mi hija!
Suena el celular por décima vez y suspiro, hastiado.
¡Otra vez, no!
Apago el teléfono para que esa loca me deje en paz. Definitivamente soy pésimo escogiendo pareja. Si ella supiera que soy un desempleado que recibe mesada de mi padre loco y anciano, me botaría como vaso desechable. Pero es ella o tener que pagarles a rameras, y esas cobran demasiado.
—¡Oye, amigo! —Escucho a un tipo gritar—. ¡Cuidado!
Me echo para atrás para evitar que lo que sea que han tirado por esa ventana caiga sobre mi cabeza, y un sonido crudo me despabila.
¡Perfecto, Manuel Alexander!
Una mujer elegante yace sobre la acera, razón por la que pongo mis manos sobre mi cabello por la impotencia.
¡¿Tan fuerte la golpeé?!
Todos la rodean mientras yo doy vueltas en mi lugar sin saber qué hacer. La policía se acerca y escalofríos recorren mi piel. La cargo como puedo, pues la condenada está muy pesada, y grito a todo pulmón:
—¡Mi esposa se desmayó!
Se arma tremenda confusión, pues algunos dicen que la golpeé y otros se ponen de mi lado.
—¿Qué le sucede a su esposa, señor? —Un oficial se acerca. Tengo que respirar profundo para disimular mi nerviosismo.
—Está embarazada y se desmaya mucho. Necesito llevarla a casa a recostarse.
—¿Embarazada? —El oficial la mira con incredulidad.
Hasta ahora caigo en cuenta de que es una mujer que debe rondar los sesenta.
¡Demonios!
—Sí… Es un milagro, pero es real. Ella está embarazada y este sería nuestro bebé milagroso. Si me disculpan, la llevaré a descansar.
—Nosotros los llevamos.
Esto no me está pasando a mí.
—Gracias, oficial, pero no es necesario.
—Pues lo acompañamos a su vehículo.
—¿Mi vehículo? Ah…
—¿No tiene vehículo?
Creo que el policía no me cree ni papas. ¿Cómo me libro de esto?
—Pues… —Miro a mi alrededor sin saber qué más decir—. Está por allí. —Apunto en dirección a un estacionamiento que pertenece a un almacén.
***
Madison
—¡¿Papá está preso?! —grito como loca cuando mis abuelos me llaman y me dan la noticia.
No entendí bien lo que me decían, así que no sé qué sucedió. Agradezco que Scott estuviera cerca y no tener que venir en bus o tomar un taxi. Salto del vehículo y corro en dirección al destacamento una vez que Scott se parquea frente a este.
—¿Qué sucedió?
Vaya, esto parece una reunión familiar. Mi padre está sentado frente a un escritorio con esposas en las manos, mientras un policía escucha lo que sea que le esté diciendo con recelo. Mis abuelos, por su parte, están sentados con caras de fantasmas en unas banquetas.
—¡Que tu padre embarazó a una señora que puede ser su madre y la golpeó en la calle!
Casi doy un brinco cuando escucho la respuesta de mi abuelo, pero como él es medio loco no le presto atención y me dirijo a mi progenitor.
—¿Por qué estás aquí, papá?
—Pues…
—¡¡Dónde está mi mamá!! —Una señora de la edad de mi padre entra como loca, con lágrimas en los ojos.
—¿Es usted la señora Culliven? —El oficial le pregunta y ella asiente con nerviosismo—. Pues su señora madre sigue inconsciente. Ya llamamos a un doctor para que la revise, puesto que aquí no teníamos. —Como que este policía se ve muy complaciente con esa mujer.
—¡Quiero verla! ¿Dónde está? Necesito llevármela.
—Lo siento, pero hasta que no aclaremos qué sucedió ella no se puede ir. Un doctor vendrá a verla; suponemos que este señor la golpeó, aunque ella no tiene rastro de golpe.
—¿Por qué la trajeron aquí y no la llevaron a un hospital?
—Según este señor, su madre se desmayó porque está embarazada.
—¡¿Qué?!
—¡Sí! —Mi abuelo irrumpe en la conversación—. Mi hijo la embarazó. ¡Felicidades! ¡Vas a tener un hermanito!
Mi abuelo no es normal…
—¡¿Qué cosas dice, señor?! —Una extraña mujer entra como bestia que quiere devorar a su presa.
¿Quién se supone que es esta?
—¡Panquecito, explícate!
¿Panquecito?
—Chuchi, no es lo que piensas. Ni siquiera conozco a esa mujer.
Bien, estoy confundida. ¿Quién es esta señora con pinta de Peggy Bundy de Matrimonio con hijos y por qué mi papá le llama “Panquecito”?
—¿Ahora no la conoce? —El oficial le pregunta con ironía. Al parecer, le está divirtiendo esta situación.
—¿Quién es usted? —Mi abue inquiere con reclamo.
La esposa de Al Bundy mira sus uñas y luego a mi abuela.
—Pues la novia de Manuel, vieja.
Ah, no. A mi abue nadie le dice lo que es en su cara.
—¡Oye! ¿Cómo te atreves a hablarle así a mi abue?
—¿Quién es esta mocosa? ¿No me digas que también te preñó mi novio?
Ok…
Scott me sostiene para evitar que le arranque las extensiones de los años sesenta a esa loca. Los policías del lugar se aglomeran a nuestro alrededor porque mi abue le jaló las greñas a la loca aparecida. La señora que entró antes empezó a golpear a mi papá. Entonces yo me suelto del agarre de Scott para caerle a patadas a esa mujer atrevida.
En conclusión, se armó la guerrilla ultraviolenta.

