¡La vida es un cliché! – Capítulo 17

Esta es la parte 19 de 26 de la historia La vida es un cliché

Madison
¡Estoy que sudo fuego! Scott es un pervertido y maniático sexual de lo peor. ¿Cómo se atrevió? ¡Rayos! Parezco gelatina y no puedo sacar de mi cabeza lo que sucedió. ¿Por qué me afecta tanto?
—¡Hola! —saluda Patty de la nada.
Vaya. Por fin esta supuesta amiga da señal de vida.
—Creí que te habían llevado los extraterrestres —me quejo por su abandono. Ella juega con su cabello como niñita inocente que no rompe ni un plato.
—Lo siento, he estado ocupada —se sonroja. Por alguna extraña razón, tengo un mal presentimiento.
Patty y yo nos pasamos todas las clases hablando tonterías y “prestando atención”. Me intriga lo feliz y distraída que está ella; también que se la pasa escribiendo en su teléfono. Todo me es sospechoso; sin embargo, no estoy de humor para indagar. Y eso es mucho decir, pues el chisme siempre había sido prioridad, pues está en mis venas.
Vaya… Quizás me moriré.
 
 
***
Distraída, camino por el campus mientras la brisa fresca me levanta las tres hebras que tengo de cabello.
Guau, ¡qué poética estoy!
De repente, impacto contra alguien…
—¡Lo siento! —me disculpo.
¡Debo dejar de chocar con las personas!
—Está bien… —murmura la chica a quien atropellé mientras recoge sus libros y yo los míos.
La observo por unos segundos; si esto fuera una novela juvenil, ella sería la típica chica nerd con gafas y ropa de abuela, añadiendo la extrema timidez y la mirada baja.
—Soy Madison Logan, facultad de Humanidades. ¿Cuál es tu nombre? —me presento con amabilidad.
—Soy Julie Harrison, mi carrera es Lingüística. —Hace un intento de sonrisa sin dejar de mirar al suelo. ¡Qué chica más rara!
—Mucho gusto, Julie.
—El gusto es mío, Madison… —No sé por qué siento escalofríos cuando dice mi nombre, tal vez es la forma tenebrosa de loca psicópata con que lo menciona, o quizás es que tengo hambre y estoy desvariando.
Sigo mi camino.
Cuando llego al estacionamiento, vislumbro a mi novio. Hoy no me toca trabajar, por lo tanto, decidimos pasar la tarde juntos.
—¿A dónde iremos? —le pregunto un poco emotiva.
—Ummm… ¿Tenemos que ir a algún lugar en específico? Pero te llevaré a un sitio especial. —Me acaricia el cabello y me besa en los labios.
Nos subimos en la moto y recuesto mi cabeza en su espalda, con una sonrisa y el corazón a mil. De verdad espero que este idiota se la luzca hoy, aunque “romántico” no es un adjetivo que lo defina.
—Llegamos —anuncia.
Frunzo el ceño al encontrarme frente a un motel. ¡Vaya sitio especial!
—¿Por qué estamos frente a un motel? —pregunto indignada.
Él, por su parte, arruga el rostro como si estuviera ofendido.
El descaro.
—Pequeña tonta, no soy del tipo romántico que va al cine o te lleva a ver un lindo paisaje, pero te prometo llevarte a las estrellas.
¿Se supone que eso es lindo? Ni loca entro a ese lugar.
Cinco Doritos después…
Estoy sobre la cama y el bad boy lame toda mi piel. Digamos que él es bueno convenciendo.
—Sí… —jadeo de placer. Esto está mejor que la primera vez. Este chico es un experto y sabe cómo hacerme vibrar.
Un mes después…
Estoy aburrida de esta relación que solo se trata de sexo. Hoy Johnny me llamó y, como tengo la menstruación, dijo que hará otra cosa con sus amigos. No entiendo qué tipo de noviazgo es este si solo nos vemos para tener relaciones sexuales. ¿En qué momento me convertí en esto?
Suspiro…
Mejor voy a ver al tonto de Scott, por lo menos con él puedo hablar y hacer actividades que no conlleven sexo.
—Hola, tontín. —Traspaso la cerca y la sonrisa de Scott me recibe.
—Hola, futura esposa. —Ruedo los ojos y me siento frente a la piscina, junto a Scott.
—Deja de llamarme así, sabes lo celoso que es Johnny.
—Él no está aquí ahora. Aunque no dudaría si llevaras un rastreador con micrófono, ese tipo es un enfermo obsesivo.
—Solo es un poco inseguro, su vida no ha sido fácil y teme que lo lastimen —justifico, no muy convencida.
—Sí, me imagino. Vivir en una mansión, estudiar lo que le gusta, tener una tarjeta de crédito sin límite, poseer su propia moto, ser hijo mimado de sus padres ricos, tener cuerpo y rostro de modelo y hacer que todos hagan lo que le dé la gana debe ser muy traumatizante. ¡Pobre chico! ¡Qué vida de mierda ha tenido!
Soy consciente de su sarcasmo y en parte le doy la razón. Todavía no he encontrado lo difícil en su vida; en realidad, Johnny hace cuanto quiere y como quiere. Él siempre me habla de una niñez traumada y una vida dura, pero no me da más detalles que eso. A veces siento que lo hace para manipularme, el asunto es: ¿por qué continúo con él?
—Porque te gusta cómo te lo hace. —Casi salto de mi lugar al escuchar a Scott.
¿Acaso ser niño especial te da la habilidad de leer la mente?
—¿Por qué me miras así? Tú preguntaste, yo te respondí.
Creo que pensé en voz alta otra vez.
—No estoy con él por eso. —Me cruzo de brazos, ofendida.
—Sí, y yo no estoy celoso, mi hermano es un angelito y los puercos vuelan.
—¡Qué tonto eres!
—¿Tan bien lo hace? Yo te lo puedo hacer mejor, aunque nuestro noviazgo no se basaría en sexo, yo… —Scott hace una pausa mientras sus ojos buscan los míos. Hay algo en ellos, y en su expresión, que me traspasa el alma.
Mi corazón late tan rápido que siento que me voy a desmayar.
—¡Daniel, cariño! —La señora Scott hace acto de presencia, por lo que maldigo en mis adentros—. Una chica te está buscando, ella dice que tienen que hacer un trabajo juntos.
—¡Cierto! Lo olvidé por completo.
¿Una chica?
El pulgoso de Scott se rasca la cabeza y se apresura a entrar. Obvio, lo sigo, y mi sorpresa es muy evidente cuando descubro de quién se trata.
—Hola, Julie. —Scott le extiende la mano y ella lo saluda con timidez. No sé por qué me molesta el sonrojo de sus mejillas al mirar a Scott, pero yo soy todo un misterio, así que no le pondré asunto.
El mundo es pequeño, esa es la chica que parece nerd y que conocí hace un mes.
—Te conozco. —Arregla sus gafas gigantes y sonríe como personaje de muñequito anime.
—Sí… —arrastro el monosílabo al notar lo estúpido que luce Scott al no saber cómo tratar a patito feo.
¡Es tan molesto!
Ellos se ponen a estudiar. ¿Y yo? Pues obvio me he quedado aquí, pues no me gusta esa chica, menos que esté a solas con el gusano este.
Miro el reloj de pared por décima vez, esperando que el pajarito salga cuando den las seis en punto. Sí, tan aburrida estoy.
Vuelvo a observar a la parejita nerd y entrecierro los ojos. Esos dos están tan sumidos en su bla, bla, bla de literatura y esas pendejadas que me siento excluida. No me malinterpreten, no son celos…
¡Demonios!
¿Por qué se miran con tanta intensidad? Que compartan la misma pasión no significa que pongan esa cara de tontos. ¡Mejor me largo! Se supone que vine a pasar el rato con Scott, pero por lo visto él se olvidó de mi existencia.
Hago ruido al levantarme, no obstante, el gusano este sigue en su mundo literario con patito feo.
—¡Qué aburrimiento! —Bostezo y extiendo mis brazos, pero Scott tiene los ojos pegados a la nerd.
Arg… ¡Idiota!
—Pero ¡qué tarde es! —grito cerca de sus oídos, sin embargo, ellos siguen ignorándome.
¿Será que me morí y ahora soy un fantasma?
Golpeteo el rostro de Scott, quien sostiene mi mano y me da una mirada de desaprobación.
—¿Qué crees que haces, loca? —inquiere confundido. Yo me deshago de su agarre.
—Solo confirmaba si era un fantasma, pero no traspasé tu piel, así que no.
Ambos me miran como si yo fuera una cosa pegajosa-alienígena. Yo solo me encojo de hombros.
—¿Ya hasta te drogas? Déjame en paz, Logan, estoy estudiando —refunfuña él.
—¿Ah, sí? —Miro a la intrusa y luego a él; creo que se me formó un mohín—. ¡Pues que te aprovechen tus estudios!
—¡Gracias! —Scott responde a mi berrinche y me apresuro a salir de esa casa.
—Madison —la voz de la nerd hace que me detenga y gire a su dirección—, ha sido un gusto conocerte.
No sé si es que estoy loca o ya me dio hambre de nuevo, pero veo tenebrosidad en su mirada y su sonrisa me recuerda a la novia de “Chucky”. Un escalofrío me recorre por completo; aun así, le sonrío en respuesta para que no note que su presencia me pone la piel de gallina.

La vida es un cliché

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