¡La vida es un cliché! – Capítulo 16

Esta es la parte 18 de 26 de la historia La vida es un cliché

Daniel
¡Me lleva Chucky y me destripa Freddy Krueger! Estoy hecho vómito y, para colmo de males, hoy tengo dos exámenes y me toca trabajar. Aparte de todo, me siento el pendejo más pendejo del mundo.
Suspiro…
Dejo de mirar la asquerosidad de mi rostro y me dejo caer en la cama. Además de las malditas ojeras, me salieron granos. Ahora parezco un pez globo que, en vez de tener puyas, tiene espinillas asquerosas, todas cargadas y a punto de explotar e inundar la ciudad con pus. Asco.
Suele pasarme que, cuando estoy muy deprimido o ansioso, se me llena la cara de espinillas. ¡Rayos! Parezco una piña ahora mismo; además de los granos, mi cabello está hecho un desastre y no tengo ni ganas de peinarme.
Se preguntarán qué me tiene vuelto un asco. Pues la causa tiene nombre y apellido: Madison Logan. Esa niña va a volverme loco. Sé que no tengo razones para reclamar nada, pero no puedo evitarlo. Me hierve la sangre saber que hizo el sin respeto con ese badboy sacado de una novela de romance tóxico-cliché-juvenil. Sabía que esos dos algo se traían; es lógico y obvio, ¿no? Tampoco crean que soy un retrasado, pero conociendo a Madison, sabía que no habían llegado tan lejos. Además, tengo el presentimiento de que él no la trata bien.
Debo dejar de pensar en Logan y buscarme una novia.
—Dice mamá que si se te atrasó el reloj. Tienes que irte, pendejo, o llegarás tarde a la universidad. Claro, no creo que sea el reloj el que se atrasó… Tú naciste retrasado de por sí. —El enano duendecín se burla.
—Ja, ja. ¿Dónde está el chiste? No lo veo.
—Está en tu cara de cactus. No pienses mucho o esas cosas podrían estallar.
—Sal de aquí, mocoso —pido con toda mi calma, pues lo último que quiero es pelear ahora.
—Yo sé lo que te pasa… —Esa sonrisa endemoniada me da mala espina—. Estás cabreado porque la rara de Madison te cambió por un modelo con motocicleta. ¿Qué esperabas? Eres feo y retrasado. Es obvio que escogiera al bonito y cool.
¿Dije que no quería pelear? Pues esa garrapata ha tocado el botón de “asesino mata mocoso fastidioso”.
—¡No escapes, cucaracha! ¡Repite lo que dijiste frente a mí!
El mocoso es rápido.
—¡Mamá!
Llegamos a la cocina y la peste asquerosa se abraza de mi mami.
—¡Suelta a mi mamá, cosa! ¡Ella es mía! Yo nací primero, tengo más derechos que tú.
Trato de despegarlo, pero ese niño es una sanguijuela. Mi mami rueda los ojos y me lanza una mirada amenazante.
—Daniel, deja al niño tranquilo y vete de una buena vez, vas a llegar tarde. ¿Por qué no pones la alarma?
—Puse la cosa esa, es solo que no tengo ánimos de nada. En cuanto a esa cosita rarita que llamas hijo, deberías enseñarle a respetar a sus mayores, o un día de estos lo encontrarás de cabeza sobre un árbol, listo para enterrar y envenenar la tierra con su cadáver.
—¡Daniel Scott! ¡Te he dicho que no te expreses así de tu hermano!
—¡Daniel Scott! ¡Daniel Scott! ¡Siempre es Daniel Scott!
Creo que hice: ¡Boom!
—Pero este error de la naturaleza explota toda una galaxia y no lo regañas. Por eso está creciendo insoportable y maleducado —me desahogo, pero como siempre, mamá no me toma en serio.
—Kevin, ¿qué le hiciste a tu hermano?
Bueno, creo que me equivoqué.
Ohhh… Ahora sí investiga.
—No hice nada, mami. —Se abraza más a mamá y pone esa vocecita de manipulador que me irrita—. Solo hice lo que pediste, porque tú sabes que yo siempre te obedezco…
Unjú…
—Pero Scott se enojó porque lo encontré tocándose su cosita, que, por cierto, mami, creí que los chicos de su edad la tenían más grande…
—¡Mocoso! —estallo, convertido en Hulk, dispuesto a aplastar a esta cucarachita insoportable.
—Kevin, amor, no sigas hablando —le ordena mi mamá, pero luego me mira a mí con reproche—. Daniel, ¿te tocaste con la puerta abierta?
No. Puede. Ser…
—¡No me estaba masturbando! ¡Mocoso mentiroso!
Esta vez voy a matarlo.
—¡Sí lo hacías! Y no solo eso, mami…
Juro que le borraré esa sonrisa del demonio.
—Estaba pensando en la rara de Madison, porque balbuceaba su nombre: «Madison… cosita rica…»
Ok… Creo que es mejor que me calme y me comporte como una persona civilizada…
—¡¡¡Voy a matarte, mocoso!!!
 
***
 
Hoy el día fue de perros. Madison me evadió todo el tiempo y trabajar junto a ella fue muy incómodo. Sé que debo pedirle disculpas por mi reacción; no soy nadie para reclamarle, apenas terminé con mi novia…
Scott, ¿desde cuándo eres un desastre?
Para peor de males, Jessica está toda rencorosa y no pierde oportunidad para fastidiarme la existencia. En realidad, hoy el trabajo parecía un campo de guerra todo minado.
¡Necesito sexo!
Miro mis manos y me encojo de hombros.
—Solo las tengo a ustedes, lindas…
Apenas empieza el día y mi hermano pulgoso ya hizo de las suyas. Espero no se me olvide googlear: “cómo matar a tu hermanito y que parezca un accidente”.
Aunque no creo que las autoridades lo tomen como crimen; más bien, sería una hazaña y debería ser premiado.
—Daniel…
Mi mami me saca de mis más sabios y maduros pensamientos, y esa cara rara que pone me da escalofríos.
—Te escucho, solo no empieces con los rodeos. Métemelo rápido y sin piedad, así me lo gozo mejor.
—¡Daniel! —espeta, toda roja y escandalizada. Que yo sepa, no dije nada malo.
—No tengo mucho tiempo, mamá…
—¡A mí me respetas, muchachito!
Suspiro…
Papá sale con el mocoso pulgoso a rastras para llevarlo al colegio e irse a trabajar. Estoy tan agradecido con la vida de que la Uni quede bien lejos y en dirección opuesta del colegio de “Pulguín”.
—Perdón, mamá —finjo arrepentimiento, para que me diga de una buena vez lo que sea que tiene que decirme.
—Bien. Sabes que tus abuelos están muy viejitos y tu tío ya no podrá manejar la tienda de ellos, como tampoco le será posible atenderlos. Michael tendrá que irse a vivir a Sudamérica porque su esposa no fue aprobada para obtener la ciudadanía, por asuntos privados que a nosotros no nos competen. Por lo tanto, tendrá que regresar a su país.
Ok… Esto no me lo esperaba.
Por cierto, los asuntos privados son que ella es una loca drogadicta que se mete a las tiendas a robar. Pero así es mi tío: siempre escoge lo peor, y hasta le pintó cuatro mocositos insoportables.
Y con pintar, saben a lo que me refiero…
 —¿Quiere decir que…? —indago, impaciente.
—Nos mudaremos a Roma —suelta de golpe, sin lubricante ni juego preliminar—. Tus abuelos te consiguieron una beca, sin embargo, será efectiva dentro de un año. No solo te espera la beca, también podrás presentar tu manuscrito a la editorial Mondo del Libro. Tu abuela tiene influencias y, como fue editora allí por más de veinte años, podrás trabajar como interno mientras estudias. Solo que tendrás que mejorar tu italiano.
Me quedo frizado. Esto es demasiado bueno para ser cierto.
—¿Y cuándo nos mudamos?
—Nosotros tres nos iremos dentro de seis meses, y tú te nos unes después. Es que queremos que completes el año en la ‘Honorífica’, para que ellos te recomienden. Para la beca y el internado se necesita un estudio previo y una buena recomendación.
Asiento, feliz por esta oportunidad, y salgo corriendo para contarle a Logan. Por suerte la encuentro saliendo de su casa, y así me evito el bullying de sus abuelos.
—Logan, no sabes lo que pasó…
Ella se queda congelada. ¡Cierto! Se me olvidaba que entre nosotros hay más tensión que entre dos cables pelados.
—¿Qué pasó? —dice al fin, aunque sigue impresionada. Tampoco es para tanto.
—Dentro de un año me iré a Italia. Me aprobaron una beca y un trabajo como interno en una de las editoriales más famosas de Roma. Además, aceptarán uno de mis manuscritos. ¿No es eso genial?
Un extraño silencio se entromete y me asusto. Creo que no debí contarle esto a Logan. ¡Vamos! Estamos como perros y gatos, en medio de un dramón tipo Titanic, y yo vengo todo sabroso a contarle mis cosas como si nada. ¡Soy un idiota!
—¿No estás bromeando? —Ella entrecierra los ojos, y yo resoplo por su falta de confianza.
—Te lo juro. —Levanto mi mano derecha.
Ella me mira con cara de “si me engañas, te mato”. Por mi parte, recupero el aliento cuando su rostro se relaja y sonríe abiertamente.
¡Dios! ¡Cómo amo esa sonrisa!
—¡Eso es genial! —chilla y salta como perra loca, y un calientito raro recorre mi pecho. ¿Por qué es tan importante para mí lo que piense Logan?
Me abraza eufórica y no, no voy a mentir: Rambo reacciona al calor de su cuerpo, que se agita contra el mío; su olor a cítricos, su delicada piel, y esos pechitos que se frotan sobre mí gracias a su celebración rara. No soy un enfermo pervertido, pero hace mucho que no tengo acción… y Logan me gusta demasiado.
La sigo abrazando, disfrutando el contacto y dejándome llevar por mi retorcida imaginación. Creo que me está felicitando y diciendo cosas, pero no le estoy prestando atención. La aprieto contra mí, sosteniéndola por la cintura con mis manos. Entonces, ella se aparta indignada y salgo de mi trance.
—¡¿Tuviste una erección?! —grita escandalizada.
Y yo me muero de la vergüenza, porque, pese a que todavía es temprano, muchos padres están saliendo con sus hijos para llevarlos al colegio.
Bajo el rostro, deseando que me trague la tierra. Todos nos miran con disgusto e indignación; algunos padres tapan los oídos a sus niños y cruzan al otro lado de la calle.
—¡Eres un maniático, pervertido y sin remedio! —espeta Logan, antes de perderse por el camino que la lleva al autobús.
Y yo que quería llevarla. Qué más da.

La vida es un cliché

¡La vida es un cliché! – Capítulo 15 ¡La vida es un cliché! – Capítulo 17
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *