¡La vida es un cliché! – Capítulo 12

Esta es la parte 14 de 26 de la historia La vida es un cliché

Han pasado tres meses y la tensión entre Scott y yo se ha aplacado. Él me ha enseñado muchas cosas en el trabajo. Bueno… en realidad, he sobrevivido gracias a él.

—¿Lista para la clase de las parafilias? —Patty junta sus manos, y yo sonrío cuando se lame los labios. ¡Esta chica es una enferma sexual!

—Sabes que las parafilias son trastornos sexuales, ¿cierto? —Entrecierro los ojos, esperando su respuesta.

—Trastorno o no, es sexo. El delicioso y asqueroso sexo. —Se relame los labios como una psicópata pervertida, por lo que hago una mueca de asco.

Entramos al enorme salón, y Patty y yo nos sentamos en la primera fila. Llegamos quince minutos antes de la hora en que debiera empezar la clase, pues no conocemos al profesor de esta materia y es mejor prevenir antes de la desgracia.

En la universidad hay diferentes tipos de maestros, y uno debe manejarse de acuerdo con su forma para poder sobrevivir. Entre los más destacados están: el loco liberal, ese que no se rige por las reglas de la academia y que saca la clase fuera de los edificios de la institución con la excusa de que «la educación no se limita a las cuatro paredes». Sin embargo, no es que hablemos mucho de las lecciones, y al final tiene que aprobarnos a todos la materia porque nadie tiene idea de las respuestas del examen.

Está también el comerciante, ese cuyo único requisito para aprobar materias es que le compres sus libros. También tenemos al cibernético: se pasa la clase buscando en Google y videos de YouTube, y luego te da los enlaces donde puedes estudiar para el examen. Ah, pero no puede faltar el artístico, ese cuyas clases se basan en dramas sobre los temas tratados, canciones a coro y demás.

Uno de mis favoritos es el amigable, ese que da la clase a su manera sin salirse del libro, crea un grupo de contacto, habla de sus historias pasadas y pone a la clase a conversar y contar anécdotas. Hace actividades al final del semestre, como una comida o salida, y te da las respuestas del examen a manera de «repaso» horas antes.

También está el impuntual, que siempre llega tarde y sofocado. Otro tipo, y del cual Patty y yo nos cuidamos llegando quince minutos antes el primer día de clase, es el Ogro Shrek o señorita Concha Toro. Este es un perfeccionista para con los demás, pero un desastre en sí mismo. Llega antes de la hora pautada, sigue el libro sin dejar fuera una coma, te llena de tareas y nunca te da la calificación máxima, aunque lleves un trabajo tipo genio nerd de Google o creador de la NASA.

En fin, aquí estamos, a la expectativa de con cuál personaje nos vamos a encontrar. Estoy sumergida en mis más ociosos pensamientos cuando el codo de Patty golpea mi costado.

—¡Desgraciada! —vocifero con toda mi ira, causando que los ojos de los demás se abran como bombillas. Patty ahoga una risa. Bruja loca.

—Mira al nuevo profesor… —me susurra con emoción, y yo abro mi bocota al ver semejante hombre. No, pues, si pareciera que vino de una revista masculina. ¿Acaso estoy delirando? Es por eso que se debe desayunar bien antes de salir de casa.

—¿Él es un profesor? —pegunto, idiotizada.

Miro a Patty, quien no le ha quitado la mirada de loca hambrienta de encima, y si sigue en ese plan, tendremos que desalojar el salón antes de que sus babas nos ahoguen. Creo que su boca no es lo único que está secretando líquido.

—Ese tipo está buenísimo, con un profesor así se vale estudiar todo el día…

Vaya, creo que jadeó al decir aquello. Tampoco es para tanto… Bueno, en realidad sí es para tanto. De verdad que debe ser un pecado o un crimen de condena a muerte estar tan bueno. Y yo que creí que los maestros sexys estaban solo en las novelas eróticas de Wattpad.

Papasito…

Ese es un semental alto y musculoso, vestido con elegancia y pulcritud. Su cabello oscuro es largo por el medio y recortado por los lados, sí, esos peinados sensuales que muchos hombres usan ahora. Sus labios son llenos y mordibles, sus ojos color miel tienen un brillo seductor que es como un imán para separar tus piernas. Su piel es acaramelada y su sonrisa a media, demasiado sensual. Santa cachucha, ese hombre está para secuestrarlo por todo un mes. ¿Qué un mes? Creo que la vida no da para sacarle el juguito.

La clase pasa con regularidad. Cabe destacar que el maestro sensualismo es muy inteligente y tiene buen dominio de la materia, aunque su forma de explicar los trastornos sexuales fue un poco… ¿candente? Creo que más de una mojó sus bragas en esa clase, pero lo positivo de todo esto es que ninguna olvidaremos los conceptos y eso es algo digno de reconocer.

—Esa clase se merecía ser grabada y subida a una página porno —espeta Patty, mordiéndose los labios con malicia—. Para la próxima traigo mi cámara y así podré desestresarme en las noches.

—Eres una pecadora sin redención —pellizco su mejilla y ella estalla de la risa.

Hoy me toca turno en la cafetería y cuando entro a la cocina, mi primera imagen es Scott intercambiando babas con la Beyoncé adolescente. Eso me recuerda a la película de Disney donde las ranitas enredan sus lenguas, algo parecido sucede aquí.

Carraspeo para hacerles entender que no están en un motel y ellos se separan lentamente y se miran con una sonrisa de enamorados. Esta chica está más insoportable que nunca desde que Scott le correspondió de verdad. Ahora salen como novios y viven besuqueándose como si no tuvieran algo mejor que hacer.

Lo positivo de esta relación es que Scott ya no se enreda con Barbie falsa, lo negativo es que yo tengo que presenciar sus muestras de cariño y, por más que yo intento deshacerme de estos sentimientos por Scott, ellos se pegan a mi corazón como sanguijuela y solo me toca disimular mi incomodidad.

—Hola, Logan. —Scott pellizca mi nariz mientras la morena tropical me sonríe airosa. Se siente la reina del lugar porque Scott sale con ella y no pierde la oportunidad de echármelo en cara. Tonta.

Sigo en dirección a mi casillero ignorando el saludo de Scott, un poco infantil de mi parte, pero me cabrea verlo cariñoso con otra mujer.

—Te llevaré a casa —Scott se me acerca en la salida. Por supuesto, su novia hace una mueca de disgusto. Ya Scott tiene auto, después de ahorrar por más de un año. Algunas veces me lleva, otras no.

—No creo que a tu novia del momento le guste la idea. De seguro hoy se inventa una excusa para que me dejes; hasta se atrevería a arruinar los neumáticos de su carro.

No, no exagero. Esa chica es tan loca, celosa y obsesiva que ha dañado su auto varias veces para que Scott tenga que llevarla. Y como no me soporta, Scott me deja tirada para evitarle el mal momento de viajar junto a mí. ¡Qué estupidez! De todas formas, me tiene que soportar en la cafetería.

—Esta vez te llevaré —afirma Scott, serio, provocando que su novia lo mire mal. Esperen… aquí hay gato encerrado, y esto tiene cocorícamo.

—Está bien, como digas. —Me hago la desinteresada, pero en realidad siento la esperanza recorrer mi piel. Si Scott y miss morena terminan, no dejaré escapar esta oportunidad y me lanzaré a sus brazos. De todas formas, ya carezco de dignidad y orgullo.

Llegamos a casa en un silencio abrumador. Es frustrante porque, antes de que él me besara —tres meses atrás—, nos era fácil comunicarnos. Ahora parecemos dos extraños, y eso me hiere.

—Scott…

—Logan…

Vaya, parecemos retrasados.

—¿Todo bien con miss Afro? —inquiero, “preocupada”, y Scott espeta una carcajada ante el sobrenombre.

—Sí. Solo está un poco molesta porque no quiero tener sexo con ella. ¿Puedes creerlo?

Demasiada información.

Trato de asimilar sus palabras mientras abro y cierro los ojos con incredulidad. Scott, quien se la pasa de puto en celo, ¿no quiere nadita con su nueva novia? Esto sí que se merece transmisión internacional.

—¡Qué poco caballero eres! Decirme esas cosas privadas.

—¿Qué tiene? Eres la persona más cercana que tengo. Hasta creo que eres parte de mí. Solo a ti te confío mis secretos y asuntos vergonzosos. Tú lo niegas, pero en el futuro serás mi esposa y la madre de mis hijos. Hablaremos de nuestro oscuro pasado juvenil y nos reiremos de nuestra vida inmadura mientras bebemos una taza de chocolate y observamos el cielo estrellado.

Ok… este chico se golpeó la cabeza o está consumiendo sustancias ilegales.

—¡Eres un idiota! No sé para qué hablo contigo, no te tomas nada en serio. Tienes una novia y me dices estas cosas a mí.

—Como digas, Logan. Solo te pido que, cuando estés con el chico rudo ese, recuerdes que serás mi esposa y que el cuerpo que él toca no le pertenece.

—¡Claro que no le pertenece! ¡Me pertenece a mí, es mi maldito cuerpo! —Lo admito, me alteré de forma exagerada. Es que recordar al estúpido badboy me pone mal. Ese chico sí que está tostado. Después de humillarme como si yo fuese una zorra, se desapareció por dos meses. Hace un mes regresó como si nada, proclamando que yo soy su chica y que mataría a cualquiera que se me acerque.

—Cálmate, cariño. En realidad, te traje para que me dieras un consejo, puesto que yo ya no confío en el sano juicio de las gemelas para aconsejar —dice en un tono suave, que busca que me tranquilice.

—¿Es en serio? ¿Y lo dices como si fuera una opción lógica pedirles consejo?

—Pues gracias a sus consejos, tú y yo tuvimos nuestras cositas…

—¡Idiota! —Me cruzo de brazos, escandalizada. Tiene novia y habla de nuestras cosas.

—Deja de ofenderme y aconséjame. ¿Crees que debería hacer el delicioso con Jessica?

Ok… Esto no me lo esperaba…

—En primer lugar, no se llama «hacer el delicioso», ignorante vulgar. En segundo, ¿por qué rayos me preguntas a mí? Es tu maldita relación —espeto venenosa y todavía incrédula de lo que me está diciendo. Este niño no es normal.

—¡Qué agresiva! Se supone que serás sexóloga, así que debes darme consejos.

—Idiota, anormal. ¿Qué tiene que ver la sexología con que te cojas a tu loca novia? Ni siquiera entiendo tu dilema si te cogías con cualquiera que te enseñara los dientes.

—Tampoco me quieras hacer ver como un fuckboy. Es que… es la primera vez que tengo una novia. Hacerlo con ella sería hacerlo en serio y con todo el compromiso y responsabilidad que eso conlleva. No me siento listo.

—Pues no hagas nada de eso y punto.

—¡Lo dices tan fácil! ¿Has visto el cuerpazo que se gasta esa hermosa morena? Imagínate ese cuerpecito con ropa provocativa haciendo movimientos sensuales. Tampoco soy de palo.

Bien, creo que Scott pasó el límite de la idiotez.

Mis manos se mueven de forma involuntaria en su contra. Golpeo todo a mi alcance. Él sostiene mis muñecas y entonces intento morderlo y patearlo. El carro se mueve de forma brusca, y mis abuelos y los señores Scott lo rodean con cara de espanto.

—¡Eso me recuerda viejos tiempos, Diocrasia! —Mi abuelo mira a mi abue con cara de maniático pervertido, y ella se sonroja. ¡Ah! ¿Qué es lo que están pensando?

—Hijo, deberías ser menos exhibicionista. Trabajas, deberías poder pagar un motel. —El señor Scott asoma la cabeza en la ventana.

—No, no, no, no… —Muevo mis brazos y sacudo la cabeza negando—. No es lo que creen, solo peleábamos.

—Bueno, no discutiremos sobre gustos. A muchos les excita el sado-masoquismo —replica el abuelo, y alza y baja las cejas al decir eso. ¡Ay no! ¿Por qué no me traga la tierra?

Quiero matar a Scott, todo esto es su culpa y él solo se ríe como si esta barbaridad fuese graciosa. ¡Lo odio!

Entro a la casa ignorando las habladurías del abuelo y me siento en el sofá a esperar el sermón. Scott se sienta a mi lado con una sonrisa de satisfacción que quiero borrar a golpes.

—Bueno… la pregunta importante aquí es: ¿se están cuidando? —La señora Scott pregunta con naturalidad y yo me hundo en el sofá.

—No…

—¿No se están cuidando? —Mi abue me interrumpe.

—No me referí…

—¿Saben lo irresponsables que están siendo? —La mamá de Scott no me deja terminar—. Apenas están empezando la universidad, son muy jóvenes y dependen de nosotros. Un bebé no es una gran hazaña ahora mismo…

—¿Qué dices, mujer? —Mi abuelo la interrumpe—. En mis tiempos, teníamos los hijos en la flor de la juventud…

—¡Fulgencio, deja de decir necedades! —lo interrumpe mi abue a él—. La niña no está lista para ser madre aún. No compares…

—¡Por favor, mujer! —Otra interrupción—. Ella tiene su compañía creadora de bebés intacta. De lo demás nos encargamos nosotros. El pendejo de nuestro hijo solo nos dio una nieta; tener un muchachito jugando en la casa no sería mala ide…

—¡Claro que no! —interrumpe la mamá de Scott—. Mi hijo tiene un futuro brillante. Él no puede hacerse cargo de un bebé ahora.

¿Soy yo o ellos han dado por hecho que estoy embarazada?

—¡Futuro brillante! —El señor Scott espeta despectivo—. Con esa carrera de mierda terminará mendigando en la calle…

—¡No digas esas cosas del niño! Él será un excelente escritor fa…

—¿Este muchachito será escritor? —Mi abuelo interrumpe a la señora Scott—. Madison, aléjate de ese mequetrefe. ¡Escritor! Es una excusa para no trabajar como un hombre de verdad.

—¡Por fin alguien me entiende! —vocifera el señor Scott, y entonces se arma la discusión.

Scott y yo nos miramos y nos encogemos de hombros. La señora Scott defiende la carrera del animal aquí presente; mi abuelo se burla de los escritores y habla de cómo trabajaban los hombres en su tiempo; la señora Scott le contesta de mala forma, y mi abue discute… ¿por la ropa sucia que el abuelo tiró en el piso de la habitación? ¿Ah?

Scott y yo nos levantamos del sofá y nos dirigimos a la cocina, tomamos sodas y papitas, y nos sentamos en el patio a comer y hablar tonterías, mientras que en la sala se arma la tercera guerra mundial.

—Siendo sincera, Scott, no deberías acostarte con Jessica. Si no estás seguro, ha de ser por algo —le respondo al fin, tratando de ser lo más sincera y empática posible, aunque este tema no es de mi agrado.

—Tienes razón. Logan…

—Unjú…

—¿Qué tienes exactamente con el chico pintor? —pregunta de repente. No esperaba que lo mencionara.

Suspiro. Ni siquiera yo sé qué tengo con ese loco.

—Pues…

Soy interrumpida por mi padre, quien me aborda con cara de loco preocupado y mira a Scott con ganas de matarlo.

—Madison, ¿cómo rayos quedaste embarazada?

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