La vida es un cliché – Capítulo 9

Esta es la parte 11 de 26 de la historia La vida es un cliché

Camino sintiendo la brisa fresca de una mañana nublada que augura lluvia. Parezco la chica del aro, con los ojos ojerosos y la piel pálida. Salí más temprano de lo acostumbrado para no toparme con el cuerpo sensual de mi abuelo disfrazado de Adán y… no toparme con Scott.
Trato de olvidar lo que sucedió entre los dos y que eso no afecte mi primer día de trabajo.
Llego temprano a la uni y me sorprendo al ver a Patty aquí; yo que creí que me libraría de ella por un rato.
—¡Hola! —chilla en mi oído, por lo que yo ruedo los ojos.
—Hola, Patty —saludo con una sonrisa; tal vez no sea tan malo tener una amiga.
 ¡Increíble mi nivel de bipolaridad!
Dejo salir un grito cuando siento que unas manos fuertes me levantan por la cintura. No tengo tiempo de reaccionar porque el chico succiona mi boca como una aspiradora.
Me despego del estúpido bad boy y su sonrisa de idiota me saca de mis casillas. Sus ojos verdes me escudriñan a la expectativa, y yo me pierdo en su penetrante mirada.
—¿Me extrañaste, cariño? —Me regresa a tierra sólida, y debo sostenerme de él para no caerme. ¿Cariño?
—No sé si fue que maté a un sacerdote en aceite ardiente, perdí la memoria y ahora la vida me cobra mi crimen para que me pasen estas cosas —profiero hastiada mientras me alejo del fastidioso bombón, con obvio enojo… Esperen… ¿Lo llamé bombón? ¡Rayos!
—¡¿Quién-es-él?! —Patty hace una pausa en cada palabra, con ojos brillosos. Si abre la boca, su baba nos inundará.
—¡Un idiota depravado! —escupo con desdén.
—Dime más… —dice como gata en celo, y la observo con desaprobación en la mirada.
—¿En serio? Ese niño debería estar en prisión por acosador —replico, intentando de convencerla, pero su cara de loca en estado ovulación me da a entender que está desviando mis palabras.
—¡Ay, sí! Dime más… —gime, como si fuera a tener un orgasmo y a quedar embarazada.
¡Debe de estar bromeando!
—¿Qué parte de que es un depravado no entendiste?
—Ummm… —Detiene el paso y se queda pensativa, con el dedo sobre los labios—. Tú no te veías incómoda —contraataca, a lo que yo hago una mueca de desagrado.
—¡Como sea! No soporto al acosador bombón…
—¡Ajá! —me aborda como si me atrapase robando un chocolate en la tienda.
Sobre eso y, en mi defensa, las gemelas me obligaron.
—No voy a negar que está bueno, pero eso no le da derecho a besarme y tocarme cuando se le antoje —le explico.
—Un tipo como él puede tocarme todo lo que quiera.
—Eso dices porque no te ha pasado. Es igual de incómodo a que lo haga un feíto. El acoso y la falta de respeto están mal sin importar de quién vengan.
Vaya, soné como comercial sobre consentimiento y discriminación.
—Creo que exageras; él no te obliga y le correspondiste el beso —me ataca como si yo fuera una loca temperamental. ¿De qué lado está mi dizque amiga?
—No lo hice —niego con todas mis fuerzas, y ella se ríe.
—Como digas. Vamos a desayunar; tenemos tiempo antes de que empiece mi clase favorita.
—Deja ver… —Miro mi itinerario, que, obvio, es el mismo que el de mi supuesta amiga que defiende al bad boy acosador, y entrecierro los ojos—. Introducción a la sexualidad humana —leo.
Tenía que ser.
Nos dirigimos, entre risas, a la cafetería de la universidad, y por un momento me olvido del tonto de Scott.
.
***
 
—Bien, Madison. Tú puedes, ignóralo y enfócate en tu trabajo. —Esa es mi reflexión y automotivación para no escapar y arruinar mi primer día de trabajo. Inhalo y exhalo varias veces antes de traspasar la puerta de cristal.
Saludo y me dirijo a la cocina; mis ojos se encuentran con los de Scott, quien, al igual que yo, muestra unas hermosas ojeras. Él levanta la mano como saludo y sigue en lo suyo.
—Hola… Melissa —Ray me saluda, rodeando mis hombros con su brazo.
—Madison —corrijo.
—Oh, disculpa, Morelia. —Aprieto la mandíbula para no perder la paciencia y le regalo una falsa sonrisa.
 Me explica que llevaré los pedidos de los clientes que estén en las mesas, puesto que Scott trabaja con él en la cocina y Jessica atiende el pequeño bar. Me dirige al misterioso pasillo y noto que hay un baño, como imaginé la primera vez que estuve aquí; al final hay una hilera de casilleros, y él me da una llave y un carnet de identificación. Ni que trabajara en la Ford.
Guardo mis cosas, me pongo el delantal sacado de un manga japonés y me lavo las manos. Choco con Scott y escondo la mirada. Sé que me observa; por lo tanto, tiemblo como gelatina.
—Lo siento… —musito con una timidez que ni yo me creo.
—Yo… lo siento, Logan. No te vi. —Rasca su nuca como perro pulgoso, y mis ojos arden; creo que esa forma sencilla y natural de ser él me tiene enamorada. Scott, aunque intenta ser un fuckboy sin sentimientos, es muy dulce y divertido. Eso de ser un puto sinvergüenza no le queda. Este chico me gusta tanto.
Rayos, estoy loca.
—Aquí estás, guapo. —Jessica lo besa en la boca, y yo aparto la mirada y salgo de allí nerviosa. ¡Estúpido! Retiro lo dicho, no me gusta, lo odio. ¿Está con la muñeca fácil y se chupetea con Beyoncé adolescente? ¡Idiota!
Mi tarde insoportable por fin llega a su final, y en cinco minutos podré salir de aquí y llorar como una Magdalena en mi habitación. No es que el trabajo no me agrade, al contrario, es perfecto. Pero ver a Scott coquetear con Miss Afro me descontrola; debo sacar al idiota de mi cabeza o mi vida será un infierno.
Termino de atender al último cliente y me acerco al mostrador, donde Jessica se ha quedado frisada como mi internet barato cuando trato de ver una película en el celular. Dirijo mi atención a la razón de su congelamiento y suspiro de fastidio. El bad boy, que por cierto aún no sé su nombre, entra como modelo de pasarela en cámara lenta y con aire de superestrella.
Scott sale de la cocina y se queda mirando a Jessica extrañado.
—H-hola, Johnny… —tartamudea como retrasada.
Él toma un sorbete y le apunta con este de forma «mírame, soy genial».
Estúpido, acosador.
—Quiero un batido de vainilla —pide con sonrisa de puto, y ella asiente con nerviosismo. Miro la escena divertida y luego a Scott. ¡Qué rápido fue reemplazado!
La chica prepara el batido y, de vez en cuando, mira al idiota bad boy con sonrisa tímida, pero el muy cretino la ignora por completo.
Es tan egocéntrico y narcisista que no ha reparado en las demás personas a su alrededor; por eso aprovecho para irme de puntitas a la cocina antes de que el chico note mi presencia. ¿Les dije que soy un imán para la mala suerte? Bueno, él me mira cuando intento escapar, y su sonrisa socarrona me pone alerta.
—¡Que sean dos batidos! —El bad boy espeta de repente, se pone de pie y me atrae a su cuerpo—. Cariño, ¿de qué sabor quieres el tuyo?
A veces pienso que desperté en un mundo paralelo donde sus habitantes están de remate. Lo miro como si se hubiera golpeado la cabeza, y él sigue con su actuación perfecta de novio cariñoso. ¿De dónde salió este loco?
—No soy tu cariño y no quiero batido. —Me suelto con brusquedad, y él hace un mohín. Al parecer, el chico rudo sabe cómo verse lindo y derretir el corazón más frío y testarudo. Miro a Scott, quien se ha quedado pasmado observándonos, y entonces mi mente desgraciada y diabólica decide que es momento de mi revancha.
¡Cómo no lo pensé antes! Si al chico demente aquí presente le ha cogido el delirio de que soy su novia, y Scott anda de puto prostituto gratuito, entonces yo le puedo seguir la locura a Mr. Acosador y demostrarle al tonto fastidioso que él no me afecta.
—No me compres un batido porque quiero del tuyo —coqueteo como una desvergonzada, y beso los lindos labios del playboy. Scott y Ms. Afro agrandan los ojos, y mi chico sonríe satisfecho.
¡Jaque mate!

La vida es un cliché

La vida es un cliché – Capítulo 8 ¡La vida es un cliché! – Capítulo 10
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *