La vida es un cliché – Capítulo 8

Esta es la parte 10 de 26 de la historia La vida es un cliché

Creo que todos saben lo que es un zombi: un cuerpo muerto andante que solo piensa en devorar a todos los que le pasen por delante, pues esa soy yo ahora mismo. Camino en medio del campus ida en mis oscuros pensamientos, limpiando esas tontas lágrimas que no pueden esperar a que me esconda en un lugar solitario.
Corro porque las personas enfocan su atención en la tonta llorona, es decir, en mí.
 —¡Rayos! —grito con toda mi ira retenida al chocar con un chico. De verdad que esto se está convirtiendo en manía.
 —Vaya, si es la tonta virginal. ¿Es esa tu manera de saludar a las personas? —reclama el badboy con tono burlón.
 —¡No estoy de humor para los idiotas! —Sigo mi camino mientras me limpio las lágrimas con brusquedad. Siento que alguien me sigue y apresuro el paso; bueno, en realidad he empezado a correr, creo que ya se me zafó un tornillo.
 —¡Espera, virgen! —¡Ash! Ese idiota es un acosador.
Corro sin mirar hacia delante e ignoro lo que sea que dice el imbécil badboy
¿Qué es eso…?
¿Es una explosión?
Veo estrellitas y pollitos que martillan mi cabeza con sus picos. Duele mucho y creo que me voy a desmayar. Siento como alguien me toma en sus brazos y su colonia masculina mezclada con tabaco inunda mis fosas nasales. No soporto el tabaco, pero es agradable sentir la firmeza de ese musculoso pecho de alfa macho masculino.
La brisa refresca mi rostro y palpitaciones me agitan. ¿Este chico está corriendo? Escucho voces a mi alrededor y percibo que me colocan sobre algo duro y no muy cómodo. Unas manos suaves tocan mi rostro y…
 —¡Auch! ¡Arde!
 —Tu novia despertó, al parecer el golpe no fue grave. Sostén aquí.
La enfermera lo deja agarrar el algodón embarrado de alcohol sobre mi frente y se concentra en pincharme el brazo. ¡Odio las agujas! Esperen… Dándole rewind al video… ¡¿Su novia?!
 —¡No somos novios! —espeto de repente. Ellos me miran como si fuera una cosa rara.
 —Creo que se golpeó muy fuerte, ya ni me recuerda. —¡Imbécil! —. Cariño ya no estés molesta conmigo, es que mi abuela me ha dicho que los tríos en una relación son pecado. Pero si quieres que lo hagamos con el viejo del almacén, está bien, todo sea por nuestra relación. Solo te advierto, el enano no está incluido, puesto que tres personas en el ascensor cabemos bien, pero cuatro… aunque sea un enano no creo que el espacio dé.
¿Qué?
Ok… Este maldito me la va a pagar.
La enfermera se nos queda viendo con cara de asco y desaprobación, saca la aguja con rudeza y me mira como si yo fuera la hija de Satanás. Ella guarda sus utensilios, nos da una última mirada que no sé descifrar, menea la cabeza de forma acusatoria y se marcha. ¡Esto no me está pasando!
 —¡Eres un imbécil! ¡Odio este lugar! ¡Todos los hombres son unos tarados, putos, cerdos, fastidiosos, cochinos ninfómanos!
¡Ups! Exploté.
Me levanto de la camilla colérica, pero él me hala por la cintura. Creo que me convertiré en una loca asesina hoy.
 —No existe tal cosa como ninfómano, en el hombre es satiriasis. Además de virgen, ignorante.
Este chico es un idiota. Me mira de una forma que me da náuseas, así que me suelto de su agarre con brusquedad.
 —Tú me entendiste. Por cierto, no sé cuál es tu problema con mi virginidad, siendo que es mi vagina y, si la quiero mantener sellada, es asunto mío, tarado
 —Tu vagina sufre y se pierde de las maravillas de la vida; si supieras todo lo que puedes disfrutar, más bien, lo que te puedo hacer disfrutar… Y eso que solo necesitaría que usar mi lengua para llevarte a las estrellas, virgen. Piénsalo. —Me guiña un ojo.
¡Asco! Este chico es un acosador e irrespetuoso. Muy lindo, pero desagradable.
 —Eres atractivo hasta que abres tu sucia boca. ¿Qué no te enseñaron modales y cómo tratar a una mujer? —Me cruzo de brazos y él me examina con esos ojos verdes que irradian mucha maldad; no sé por qué su mirada intensa me intimida.
 —Créeme, yo sé cómo tratar a una mujer —susurra sobre mis oídos y muerde el lóbulo de mi oreja.
De inmediato, soy invadida por varias corrientes que electrocutan mi piel y mis cositas se endurecen. ¿Qué me pasa? No tengo tiempo de reaccionar porque el badboy acosador me lanza sobre la camilla y me empieza a devorar la boca. Trato de despegarlo de mi cuerpo, pero él es más fuerte que yo y no puedo. Me besa con descaro y empieza a sobar los dos limoncitos que yo llamo pechos y, como resultado de su ataque lascivo, unas sensaciones raras me sacuden.
—No me toques… —balbuceo con nerviosismo, pues es la primera vez que un chico me toquetea de esa forma, y por alguna extraña razón me siento sucia.
 —Te llevo —susurra sobre mis labios.
Yo recupero mis fuerzas y lo empujo.
 —¡No vuelvas a acercarte a mí! —Le apunto con el dedo, mas él se ríe en mi cara.
 —Ya te dije que estarás bajo mis sábanas; no importa cuánto te resistas, terminarás allí gritando mi nombre y pidiendo más. Pronto conocerás el placer de un polvo, ya verás caperucita, este lobo te comerá.
Besa mis labios y se marcha con una sonrisa que me prende. ¡Quiero golpear a alguien!

***

 —¿Qué te pasó? —Mi abue revisa el moretón en mi frente.
 —Choqué contra un árbol —respondo con mi mal genio.
 —¿Chocaste contra un árbol? ¿Cómo? —Mi abue sigue el interrogatorio. Yo suspiro frustrada.
 —Me distraje y choqué. Fui a enfermería y me revisaron, no fue un golpe grave. —Sé que me llevaron, pero si digo la verdad, mis abuelos son capaces de llevarme al hospital y demandar a la universidad. No, no exagero. Ya me los imagino: «Si tuvieron que llevarte es porque te golpeaste el cráneo y se te salieron las tripas. Debes ser hospitalizada antes de que te dé un tumor y tengan que amputarte la cabeza». Sí, así son ellos.
Estoy lista para ir dormir, pero mi parte masoquista prefiere espiar el patio de los vecinos a través de mi ventana. Veo a Scott sentado frente a la piscina, ido en sus pensamientos. Si es que piensa, el idiota ese.
Salgo al patio y me siento a «observar las estrellas». Percibo como la mirada de Scott me traspasa la piel, pero soy demasiado cobarde para mirarlo. Todavía duele recordar que lo vi pegado a la sanguijuela esa.
Scott suspira y brinca la cerca.
 —¿Qué haces? —le pregunto como si me molestara que se haya pasado a mi patio, aunque mi corazoncito lo celebra.

 —Quiero disculparme por lo de hoy, fue un momento vergonzoso e incómodo. Yo… no suelo hacer esas cosas, no debí dejarme convencer. 

 —Cuando dices que no sueles hacer esas cosas, ¿te refieres a putear en el baño público de una universidad o a revolcarte con esa víbora? —Lo confronto tratando de no cachetearlo y él se rasca la nuca. El idiota está nervioso.
 —Lo del baño público en la universidad…
 —¡Perfecto! Veo que tú y ella se acoplan bien… —Trato de no llorar, pero mis ojos arden.
 —Bueno… La pasamos bien… —Vuelve a rascar su nuca, pareciera que tiene piojo.
 —¿Por lo menos te estás cuidando? —¡Vaya! Soné como mis abuelos—. Digo, la ladilla es lo de menos…
 —¡Me cuido! —Scott me interrumpe como para no escuchar mi sermón de las ETS.  
 —Bien… —susurro sin dejar de mirarlo, él también me observa como si quisiera decirme algo que no se atreve.
 —Sobre el beso… —Mi corazón golpetea como tambor en mi pecho al escucharlo hablar sobre el dichoso beso al fin.
 —No es nada que no te pueda perdonar, pero que no se repita. —¡Rayos! ¿Por qué dejé que hablaran mis nervios? No quería decir eso, quiero saber por qué lo hiciste, Scott, y si sientes lo mismo que yo siento por ti; no obstante, mi cerebro nunca se coordina con mi boca.
 —Gracias, creo. —Scott me mira con decepción. Arrepentida, decido ser sincera, pero…—. Es un alivio que me perdones, dado que mañana nos toca trabajar juntos y esa tensión entre nosotros sería incómoda, además quiero ir en serio con Camile; creo que ella me gusta…
Ok…
Respira, Madison… Calma, todo va a estar bien… No hagas ni digas una tontería…
 —Diría que me alegro por ti, sin embargo, te compadezco. Esa novia tuya es una arpía venenosa a quien no paso. Pero solo espero que no te pases de listo conmigo, yo estoy interesada en un chico de la universidad y no quiero que lo arruines.
 —¿Q-Qué dices? —La cara de Scott es un poema. Yo, en cambio, me quiero golpear contra la pared. ¿Por qué dije eso?—. Pero si solo llevas dos días en la uni.
 —Lo conocí ayer y hoy lo volví a ver, nos besamos…
 —Oh… —Scott me mira con ira—. Conoces a un chico ayer y hoy te besas con él. ¿Qué te pasa, Logan? ¿Desde cuándo eres una chica fácil?
Lo admito… La cachetada que se escucha en todo el vecindario se la pego, no por lo que dijo, solo tomo eso de excusa porque es otra cosa lo que en realidad me tiene molesta.
 —¡Joder, Madison! —Me acaba de llamar por mi nombre… Debe estar muy enojado.
 —La próxima vez, piensa antes de hablar, idiota. —Jalo su cabello con rabia, mas él se libera agarrándome por las muñecas.
 —No vuelvas a golpearme, Logan. —Sus ojos emanan chispas. Me arrepiento al instante de haberlo cacheteado, puesto que nunca lo había visto tan airado.
 —¡Suéltame, imbécil! Eres un canalla, te has convertido en una persona desagradable, tú no eras así. —Rayos, parezco una magdalena, pero me duele mucho su actitud.
 —¿Por qué? ¡¿Porque dejé de ser un estúpido pendejo?! ¿Crees que es divertido ser el perdedor de quien todos se burlan? Ser rechazado una y otra vez. No quiero ser un maldito masoquista que babea por alguien que nunca me ha valorado y que me trata como a la peste. ¿Qué quieres de mí, Logan? Ya me perdonaste que te haya besado, no te eches para atrás ahora.
 —¿Crees que estoy enojada porque me besaste? —Niego con cara de loca, pues mis ojos emanan un río de lágrimas, pero mis labios ríen con ironía—. Es tu actitud lo que me molesta: coqueteas con todas y te acuestas con cualquiera. Me besas y luego me ignoras, y para colmo te revuelcas con la muñeca Barbie en un baño público. Yo no soy una de tus puticas, a mí no me besas porque sí.
 —No, no lo eres. Yo nunca me revolcaría con una sádica loca como tú. Perdón por el mal momento de besarte, no sucederá otra vez.
Creo que estoy temblando, su mirada de odio me afecta mucho. No lo soporto, duele demasiado. ¿Desde cuándo el idiota de Scott me afecta tanto?
 —¡Te odio! ¡Odio a tus rameras! ¡Odio que te acuestes con ellas!
Vaya, ya me dio el tutú.
—Lo sé, Logan. Odias todo de mi persona, pero soy yo quien debería odiarte.  Sin embargo, entiendo que no estabas obligada a corresponderme, pero me has herido de todas las maneras posibles y yo ya me cansé.
 —¡¿Para qué me besaste entonces?! —Dejo salir toda mi frustración, este idiota se contradice.
 —¡Te dije que no volverá a pasar! —Se acerca tanto que siento que me desmayo. Creo que Scott me gusta demasiado, si soy sincera conmigo misma por primera vez, Scott siempre me ha gustado. Pero ya es tarde para mí, yo le hice mucho daño.
Me suelto de su agarre sin decir nada y entro a la casa, él me observa desorbitado hasta que cierro la puerta. Subo las escaleras y una vez me encuentro en mi lugar seguro, estallo en llantos.
Scott, lamento mucho haberlo arruinado, pero tú tampoco has sido una santa paloma. Idiota, puto desvergonzado. Te voy a olvidar, te lo juro.

La vida es un cliché

La vida es un cliché – Capítulo 7 La vida es un cliché – Capítulo 9
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *