El chico raro de mi cuadra: Capítulo 12

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Seis meses después…

Melinda

Es mi cumpleaños y aunque debería estar feliz, estoy muy triste. Ashton no me dejó que lo visitara ni estar con él en todo este proceso judicial, añadiendo que mis padres me lo impidieron. No lo entiendo, ¿por qué me alejó de él? Acaricio su carta otra vez, fue donde me explicó que terminaba nuestra relación. Se atrevió a pedirme que lo olvidara y que hiciera mi vida sin él. ¡Es tan egoísta! Ni siquiera me dejó decidir a mí, ¿cómo se atreve?

Salgo desganada a la cena que mis padres me han preparado y finjo una sonrisa. Mis hermanos pasarán las vacaciones aquí, así que no solo están presentes por la celebración. Sandra y los Morris me saludan y yo no quiero seguir fingiendo que todo está bien cuando no es así.

Nos sentamos en la mesa y voy a hacer algo que nunca me atreví, pues es tiempo de acabar con esta maldita mentira. Me levanto, pero…

—Brindemos por la estrella de esta casa, quien pronto se irá a estudiar danza a París. Estamos tan orgullosos de ti, no solo te estás haciendo mayor, también te has graduado y viajarás para perseguir tus sueños. —Mi padre habla antes de que pueda abrir mi boca y todos levantan una copa.

Quiero llorar, se supone que Ashton y yo nos íbamos a graduar juntos, pero no. Él está llevando un juicio solo, por una mentira. Ron está muerto, pero no fue él quien lo asesinó; sin embargo, fue Ron quien mató a nuestro gato.

—Yo… no me iré a París… —Parece que escucharon mi balbuceo tembloroso porque un silencio incómodo llena el comedor.

—¿Qué dices? —Mi papá cuestiona incrédulo, mientras que yo trago saliva para tomar valor.

—No iré a París. Y no me importa que Ashton no quiera verme, voy a apoyarlo y a demostrar su inocencia.

—¡Deja de decir estupideces! ¡No vas a echar a perder tu futuro por un maldito loco asesino! —Papá se altera. Trago una bocanada de aire para enfrentarlo por primera vez. 

—¡¡Ashton no es un asesino!! ¡No lo dejaré! ¡Yo lo amo! —Mi garganta quema por la irritación al forzarla. De repente todos se quedan mudos ante el sonido de la cachetada que mi padre me propina. Lloro de la rabia, pero agradezco que ya soy mayor de edad y nadie me lo puede impedir ahora.

—No arruinarás tu futuro. ¡No lo permitiré, Melinda! —Papá me apunta con el dedo amenazante mientras mi madre llora y ruega que paremos. Por su parte, la señora Morris me mira con odio, yo le devuelvo la misma mirada.

—¡Yo también estoy cansada de esta injusticia! —Kim se pone a mi lado y me sostiene la mano, luego mira a su madre quien es abrazada por el señor Morris, el tío de Ashton, hermano de la madre de él—. ¡Mamá! Ya basta de culpar a mi primo. Sabes que él no lo mató, él no lo hizo.

Kim empieza a llorar y la señora Morris, también.

—Es mi bebé —dice la señora Morris entre sollozos—. Mi hijo está muerto por culpa del hijo de esa maldita loca. ¡Ese maldito bastardo!

Ella se aleja de su esposo mientras Kim la observa confundida, yo también.

—Ese día me enteré de la verdad, de lo enfermos que estaban esos dos. —Su esposo la mira con ruegos, pero ella niega y retrocede, sonríe con malicia y le devuelve una mirada llena de asco—. ¿Te da vergüenza que lo sepan? Que la loca de tu hermana y tú se acostaban en mis narices, que ella quedó embarazada de ti. Que esa fue la razón de adoptarlo y darle tu apellido. ¿No se les hace raro que Ashton no tenga el apellido de su padre? Él lo tenía, pero cuando la «abuela» murió, este enfermo lo adoptó y se lo cambió por el de él; no le vi nada raro, de todas formas, era su tío, o eso creí. Ashton es hijo del hermano de su madre, ellos siempre se acostaron desde que eran adolescentes. El primer hijo ella lo abortó y sus padres los separaron. Como estaban divorciados, la madre se llevó a la loca y el padre se quedó con este enfermo pervertido. Entonces cuando nos casamos se volvieron a ver en la boda.

—¡Cállate! —El señor Morris se le acerca amenazante, pero mis hermanos lo detienen antes de que llegue a ella.

—¡No me voy a callar! —grita alterada—. Se volvieron a ver y no se pudieron controlar, se acostaron. Nos engañaron a Jack y a mí. Él se enteró y ustedes lo mataron. Jack trabajaba como guía turístico, él se pasaba meses viajando y poco tiempo con su familia; entonces tú aprovechabas para acostarte con su mujer, tenían una relación tan tóxica que llegabas golpeado. Todos creímos que Jack le pegaba, pues era lo que ella nos hacía creer; yo la aconsejaba que lo denunciara, sin embargo, ella siempre evadía el tema y yo de idiota; debí llamar a la policía, pero no quería meterme en problemas ajenos. ¡Fui demasiado estúpida! Vivía preocupada porque supuestamente Jack y mi esposo se «peleaban»; eso era lo que me hacía creer cuando llegaba con moretones y arañazos, que defendía a su hermana, por eso se iba a su casa por días, para «ayudarla». 

Ella suspira y prosigue:

—Esa loca mató al marido cuando él se enteró, puso el cuchillo en las manos de su hijo de ocho años y lo culpó a él. Dijo que su esposo la estaba golpeando y el niño lo apuñaló por la espalda. Todo un año se investigó el asunto y Ashton estuvo en un orfanato vigilado y apartado de los demás niños, hasta que se supo la verdad y ella fue encarcelada. Su testimonio no coincidía con los hechos y la fuerza que se aplicó; además, la forma en que lo apuñalaron no podía ser causada por un niño. La madre de Jack se quedó con Ashton en la casa después del juicio, tuvo que sacarlo del colegio porque lo acosaban y le decían el «monstruo asesino», entonces decidió llevárselo a Inglaterra. 

»Por otro lado, la mamá de Ashton se suicidó en la cárcel y él se enteró el día de su cumpleaños, por eso se altera en esa fecha. Luego la abuela murió antes de él cumplir los doce, fue cuando este estúpido enfermo le cambió el apellido y lo trajo a la casa. Yo no sabía que era su hijo hasta aquel día que encontré una caja llena de cartas de la loca, de cómo ella amenazaba a su hermano con decir la verdad si no la sacaba de la cárcel. Ese día Ron me encontró llorando y leyó las cartas, su odio por Ashton creció y como no lo encontró mató al gato. Cuando Ashton llegó lloró como un niño y se lamentó porque no sabía cómo le daría la noticia a Melinda.

Lloro con alteración al escuchar aquello. Siempre supe que la muerte de Ed tuvo que ver con la muerte de Ron, fue horrible ver al gato ahogado.

—Ashton empezó a golpear a Ron, por lo que yo me asusté. Lo odié en ese momento, el hijo bastardo de esos enfermos estaba golpeando al mío. Ron lo pateó y le pegó fuerte en el estómago, corrió a la habitación y volvió con su bate de hierro. Atacó a Ashton y yo no hice nada, me quedé quieta esperando que Ashton dejara de esquivarlo y verlo morir como se merecía. Yo lo crie como a mi hijo, fui una estúpida. Este idiota llegó y amenazó a Ron, le dijo que bajara el bate, pero eso enfureció más a nuestro hijo. Entonces, él tomó la piedra grande que tengo de decoración y golpeó a su propio hijo. ¡Mataste a tu hijo para salvar al bastardo!

La señora Morris se le va a lanzar encima a su esposo, pero papá la sostiene con fuerza mientras ella se sacude con brusquedad. Kimberly empieza a llorar, veo en sus ojos el horror de descubrir que su familia es una mentira y tienen problemas tan feos.

Salgo de allí con desesperación. Al notar mi huida, papá suelta a la señora Morris para seguirme. Lo escucho gritar mi nombre, pero lo ignoro. 

Corro por las calles con lágrimas en los ojos. Me quito los zapatos y los tiro. Ya no escucho la voz de papá. Me paro frente a aquella casa que se ve tenebrosa con la noche. Abro la pequeña puerta y entro al patio, me abrazo a mí misma ante el escalofrío. Todo está oscuro y tengo mucho miedo. 

¿Por qué vine aquí? 

Me tiro en el suelo y lloro desconsolada hasta que el sueño me vence…

—¿Qué haces aquí? —Me asusto al ver a aquel niño de ojos azules. El viento sopla suave y el cielo está teñido de gris. 

—Vine a visitarte, ¿me recuerdas? —Él niega con la cabeza y me sonríe.

—Me recuerdas a alguien… Debo irme antes de que venga el monstruo. 

—¡Espera! ¿Quién es el monstruo? 

—Lo sabes. ¿Ya lo olvidaste? 

Abro mi boca y la cubro con mis manos. Sí, lo recuerdo… Ese día me oculté en el patio porque quería ver al monstruo… Las lágrimas me mojan el rostro. Rememoro ese extraño y horrible momento y lo mucho que me asusté cuando vi al señor Morris tocar a Ashton. Una mujer hermosa y muy parecida a él se acercó, de inmediato Ashton corrió y ellos se empezaron a besar. Era la primera vez que veía algo así y me dio mucho asco. Después dejaron de besarse para golpearse, me asusté tanto que salí corriendo. Por suerte, ellos no se percataron de mi presencia. Me encontré con mamá en la calle, quien estaba muy asustada porque me desaparecí de la casa que estábamos visitando. 

—¡¿Dónde estabas?! ¡No vuelvas a asustarme así! —me gritó llorando. Yo no dije nada, solo recuerdo que perdí el conocimiento. 

Esas semanas me las pasé en el hospital y no recordaba la razón. Nadie nunca supo lo que me causó ese pánico y mi estado de shock, pues lo había olvidado como por arte de magia. Desde ese día resuelvo todo con una sonrisa, me hago la tonta y finjo no notar el rechazo y las burlas de los demás. Cuando Ashton me salvó, mi corazón palpitó diferente. Sentía como si lo conocía desde antes, pero no sabía de dónde; vi en su mirada que hacía lo mismo que yo: ambos evadíamos la realidad y nos cubríamos con una personalidad exagerada: él siendo indiferente y yo demasiado feliz.

Abro los ojos espantada. Tengo el rostro lleno de lágrimas y un dolor en el pecho… ¡Ahora lo recuerdo! Me quedé pasmada al saber que el señor Morris era el monstruo. Miro a mi alrededor y ya ha amanecido. Fuerzo la puerta que una vez retuvo a Ashton y esta se abre demasiado fácil, al parecer no estaba asegurada. Entro y el polvo me recibe. No entiendo la razón de que nunca la vendieran y dejaran todo intacto. Observo los muebles que están cubiertos con sábanas blancas, entonces estornudo. Hay mucho polvo aquí. Quito las telarañas que se cruzan en mi camino y entro a varias habitaciones antes de descubrir la de un niño. Lloro al entender que aquí durmió Ashton en su niñez.

Rebusco entre sus cosas y encuentro cuadernos llenos de dibujos. Las líneas son gruesas y los ojos de las personas están vacíos, el cabello de la madre y de él está todo enmarañado en la mayoría de los dibujos. Él está sosteniendo a su mamá, quien tiene doble cara, su papá está alejado de ellos en el dibujo y detrás de él hay un monstruo. Me limpio las lágrimas y sigo buscando. Lloro ante lo irreal que me resulta esto, me conmueve demasiado encontrar la envoltura del caramelo que le regalé cuando éramos niños, entonces lo pego a mi pecho. Ashton atesoró ese dulce que le di cuando nos conocimos.

—¡Ashton! —Lloro a gran voz dejando salir todo mi dolor.

***

—Después de analizar todas las pruebas y escuchar los testimonios de la señora Sara Morris y la confesión del señor Peter Morris, esta corte declara al señor Ashton Morris inocente de los cargos que se le imputan.

Salto emocionada y corro en dirección a Ashton. Ambos nos abrazamos y lloramos sin importarnos estar delante de los demás.

Tres meses después…

La señora Morris está yendo a terapia, al igual que Ashton. Por otra parte, el señor Morris está pagando por sus crímenes, él mismo se entregó y confesó. Según su testimonio, eso fue lo que quiso hacer desde que se llevaron preso a Ashton, pero la señora Morris no lo permitió; le pareció mejor venganza destruir al bastardo y que él viviera con la culpa. No dudo de que haya sido así, sin embargo, creo que la cobardía le ganaba.

Tengo una beca para estudiar ballet profesional en París y estoy indecisa, no quiero dejar a Ashton. Él tendrá que repetir el último año de preparatoria, pero lo hará en unas clases especiales para adultos.

 —No debo retenerte conmigo. —Ashton me acaricia la mejilla y me besa en la nariz. Es de noche y estamos en un mirador, apreciando la vista de la ciudad. Es muy lindo ver todo desde aquí.

 —Yo te amo, Ashton.

 —Lo sé. Yo también. Y porque te amo, te dejaré ir. No estoy en condiciones de tener una relación ahora. Debo trabajar y estudiar al mismo tiempo para sostenerme y pagar el alquiler. Además, debo sanar; no estoy bien, Melinda, no puedo ser ese hombre que te mereces. Necesito superar mi pasado.

 —No… Yo quiero estar a tu lado y ayudarte a sanar; no me apartes, por favor. —Lloro sobre su pecho porque sé que no lo voy a convencer, presiento que este es el fin.

 —No, amor. Tú debes ir a París y hacer tu sueño realidad, brillar como la hermosa estrella que eres. No cortaré tus alas, Melinda. Aún somos jóvenes y nos queda mucho por vivir y aprender, estás muy decidida ahora, pero ¿qué sucederá dentro de unos años? No quiero ser el causante de tu frustración, no quiero que peleemos por lo que pudo ser si cada quien hubiese tomado su camino.

 —Te voy a extrañar, Ashton. Te amo.

 —Yo también te amo, chica empalagosa.

Nos besamos con lágrimas en los ojos, bajo una luna llena con nubes a su alrededor.

Cuatro años después…

Hoy es mi presentación de graduación y estoy tan nerviosa, que siento que voy a vomitar. Las grandes cortinas se abren y el reflector me da en la  cara, el silencio llena el salón para dar lugar a una música tenue que lo rompe; mi cuerpo reacciona al sonido y siento que vuelo por los aires. Los recuerdos me golpean y las lágrimas salen de mis ojos cerrados. Estoy vestida de cisne, con un tutú y mallas blancas, con mi moño de bailarina y un maquillaje que simula un ave. Doy vueltas y hago mis piruetas, me dejo llevar por la música y entrego mi alma en el escenario. Unos ojos azules se reflejan en mi mente con tanta claridad, que respiro para no descomponerme. Giro por todo el escenario. 

Recuerdo el colegio y a mis amigos, y luego lo veo a él. Con su chaqueta negra y su mochila, su mirada indiferente me escudriña, todos lo miran con temor, pero yo le sonrío. Los aplausos me sacan de mi ensoñación y hasta ahora me percato de que estaba sonriendo. Siento algo extraño hoy, es como si la mirada de alguien especial me admirara en secreto. Busco en el escenario con el corazón agitado; sin embargo, no veo lo que esperaba. Hago una reverencia y las cortinas se cierran, suspiro. La señorita Lassarre, Sandra y mi familia me dan un abrazo grupal. Sí, logré que todos vinieran a verme a París.

Después de vestirme, me siento frente al espejo del camerino y dejo salir la tensión con un resoplido. He cambiado algunas cosas en cuatro años; ya no me río de todo ni evado los momentos incómodos con una sonrisa, aunque sigo siendo distraída y un poco molesta. Mi cabello, largo hasta la cintura —nunca he podido cortarlo más de ahí—, mis ojos no se ven tan saltones como antes, pero sigo estando muy delgada, creo que lucharé con esa realidad siempre, aunque me es conveniente para el ballet.

Después de aquella noche en el mirador no volví a hablar más con Ashton, decidimos que esa sería nuestra despedida. Al principio lloraba todos los días, pero ya lo he superado. Han sido cuatro largos años. Hace un tiempo tuve la tentación de preguntarle a Sandra y lo hice. Él terminó la secundaria al año siguiente de nuestra despedida y se fue a estudiar a Inglaterra cuando recibió la fortuna de su abuela. No sé qué hizo con la casa abandonada, y bueno, ya no supe más porque Sandra tampoco. He salido con varios chicos, sin embargo, nunca he podido tener una relación seria; díganme loca, pero siento que le soy infiel cuando lo hago, así que me he concentrado en el ballet.

 —Melinda, regalos de admiradores. —Mi estilista entra sonriente y yo niego divertida.

—¿Admiradores? Solo he hecho presentaciones escolares y este es mi examen.

—Pues a varias personas les gustó tu debut y te enviaron estos regalos.

Ella los pone sobre la mesa frente al gran espejo y yo los reviso. Hay una carta en papel rosa y una cajita negra y larga. Abro la cajita y mis ojos brillan al ver una gargantilla con piedras rosadas.

—¡Está hermosa! —Saco la carta del sobre para saber quién la envía y no puedo evitar las lágrimas. Lo único que se me ocurre es levantarme con premura y correr fuera del camerino. Salgo desesperada con la carta en las manos, miro a mi alrededor, pero no lo veo. Me he alejado del salón de presentación y estoy en el campus, la luna brilla y las estrellas le hacen compañía en un cielo azul marino hermoso. Busco con la mirada llena de lágrimas, mas él no está. Me arrodillo sobre la grama y lloro. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero las piernas empiezan a acalambrar. Acaricio la carta y la vuelvo a leer.

«Estoy muy orgulloso de ti y me hace feliz verte brillar. Yo sabía que serías grande y este es solo el principio. Chica empalagosa, nunca dejas de emanar colores y azúcar, pero me encanta lo dulce que eres. Me gustó tu presentación, gracias a ti me he enamorado del ballet. Sigue brillando y no dejes de sonreír.

Te ama:     

Tu amigo, mejor conocido como “el freak”»

Dije que lo había superado, pero al parecer no es así. Entonces, no fue un capricho. Sí, amo a Ashton, el chico raro de mi cuadra.

—Fin—

—Epílogo en la próxima página—

El chico raro de mi cuadra

El chico raro de mi cuadra: Capítulo 11 El chico raro de mi cuadra: Epílogo
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