¡Hoy es un lindo día! Estoy muy feliz porque la señorita Lassarre me dijo que soy talentosa y que, cuando sea grande, me convertiré en una gran bailarina. Hasta me regaló un grandioso globo rosa, mi color favorito en todo el universo. Mi habitación es rosa, mis zapatillas de ballet y mi tutú también… Ah, la mayoría de la ropa linda que mi mami me compra tienen ese mismo color.
Mis mallas son blancas porque mi mami dice que si uso tanto rosa voy a empalagar. A ella le gusta el amarillo, a mí también, pero es para pintar los pollitos y las flores.
Practico mis pasos nuevos de ballet mientras admiro el globo rosa que es sacudido por la brisa y mis movimientos de baile.
Salgo de mis pensamientos al ver que los matones se acercan, respiro con dificultad porque recuerdo que ayer me fui corriendo cuando ellos me pidieron mi almuerzo en el colegio.
Los tres chicos me rodean y se ríen de mí. Estoy tan nerviosa que siento que me voy a hacer pis encima. Me arrebatan el globo, mas hago esfuerzos para no llorar, los confronto con la mirada y estallo.
—¡Denme el globo! ¡Es mío! ¡La señorita Lassarre me lo dio porque bailé muy bien! —espeto, tratando de ser valiente como vi en los muñequitos.
Los matones se ríen de mí hasta que uno de ellos me lanza un golpe. Cierro los ojos, llena de miedo, sin embargo, no siento dolor. Cuando los abro, mis labios se separan por la impresión.
¡Guau! Es el freak. Los matones huyen llenos de temor, puesto que ese niño raro es un monstruo que se come a los animales, por eso le dicen «el freak», también le llaman raro y loco.
Estoy temblando, no quiero que el freak me coma. Él extiende el globo en mi dirección y lo tomo temblorosa y con desconfianza. Por primera vez me fijo en sus ojos y siento las mejillas arder. ¡Son tan lindos! Hay muchos niños con ojos azules en este lugar, no obstante, los de él son oscuros e intensos, de esos que intimidan.
Parece que está enojado porque no me sonríe, bueno, nadie nunca ha visto sonreír al freak. Creo que él es un monstruo gruñón. Me esquiva la mirada y se va. Por mi parte, me quedo como una tonta con el globo en las manos mientras lo veo perderse entre las tranquilas calles de mi vecindario.
