Laura se levantó temprano, pues ya se sentía lista para integrarse al trabajo y continuar con su vida. Había ido a dos consultas y las pesadillas se habían esfumado; al parecer, el haber enfrentado el asunto y el sentirse segura con la compañía de Kevin la estaba ayudando a superarlo.
Decidió que ningún suceso del pasado se interpondría en su futuro, más bien, pondría su mente y energía en las cosas y personas que valían la pena. También se perdonaría a sí misma y a los demás para poder seguir adelante y tener paz.
Su próximo objetivo sería ayudar a crecer el estudio junto a Kevin, darse a conocer como fotógrafa y reconquistar a ese hombre que le despertaba todas esas sensaciones que jamás imaginó que existieran.
Con él aprendió lo que era el verdadero amor, no solo ese amor que sientes hacia otra persona, sino también el propio.
Aprendió que, para ser capaz de amar a otra persona, se debía amar a uno mismo. Que el amor no esclavizaba ni aprisionaba, al contrario, te daba alas para volar, te proporcionaba el combustible que necesitabas para el viaje de la vida. Lo amaba como jamás imaginó que podía amar a alguien. No se imaginaba una vida sin él, sin su amor de verano.
***
—Kevin, yo no sé qué fue lo que te hizo esa chica, pero… esto es demasiado —le recriminó su madre, muy molesta.
—Deja el drama, mamá —le respondió él, hastiado.
—¿Cómo te atreves a mudarte con ella? —prosiguió, ignorándolo—. Mira todo el problema que te buscaste por su culpa. Yo no puedo volver a Europa tranquila si sé que estás viviendo con ella. ¿Qué es lo que pretendes, Kevin? ¿Matarme del disgusto?
—Mamá… ¿De dónde sacas que me mudé con Laura?
—Pues es casi lo mismo. Vives metido allá. —Kevin rodó los ojos—. Mira lo que le sucedió a Pablo por no controlar sus impulsos.
—¡Mamá! No compares. Pablo y Jimena… —Hizo una pausa, pues hablar de ese tema con su madre le era algo incómodo—. Mejor dicho, Laura y yo no tenemos ese tipo de relación.
—¡Kevin, por Dios! —Agitó la cabeza—. Yo no nací ayer. ¿Me vas a decir que has estado a solas con esa muchacha y no ha pasado nada? Con la tensión sexual que tienen ustedes, no me quiero ni imaginar lo que ha ocurrido allí.
—Mamá… —susurró ruborizado—. ¿Acaso crees que yo podría intentar algo con ella después de lo que pasó? Laura va a terapia, mamá. Pasará un largo tiempo hasta que ella pueda pensar en… —Hizo silencio y se ruborizó.
—Si es que su versión es verdadera. —Ella lo interrumpió.
La mirada de Kevin cambió una perturbada y oscura, entonces su madre entendió que habló de más.
—¿Qué estás insinuando, mamá? —la confrontó con voz tensa.
—¡Olvídalo! —soltó, evitando una discusión—. Hablamos luego, querido. ¡Tengo un día muy agitado! —Lo besó en la mejilla y se marchó con premura, dejando a Kevin molesto.
Él fue al estudio y se sorprendió al ver a Laura allí.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, aturdido y preocupado.
—Vine a retomar mi trabajo —indicó ella, llena de energía y entusiasmada.
—¿Crees que estás lista? Puedes tomarte unos días más —le recomendó.
Ella negó con la cabeza.
—Yo estoy bien. —Sonrió—. No puedo echarme a morir por algo que ya pasó. Necesito retomar mi vida o voy a volverme loca. Además, Frank ya no puede acercarse a mí y está muy lejos. Eso me tranquiliza.
Kevin sonrió, orgullosos de su fortaleza y la dejó trabajar tranquila.
Cuando terminaron, él la llevó al apartamento.
—Bien… entonces la regla de sexo opuesto se vuelve a aplicar a partir de hoy —le indicó él cuando llegaron.
—Así es —respondió ella un poco decepcionada—. ¿Puedes ser la excepción?
Kevin se sonrojó ante su pedido.
—¿Ahora quieres que sea la excepción? Es mejor que no frecuente el apartamento. No quiero malentendidos ni rumores maliciosos.
Ella asintió en acuerdo.
—Además… —prosiguió y se le acercó al oído—. Es demasiado tentador para mí.
Laura se estremeció al escuchar sus palabras.
—Te voy a extrañar —le dijo ella, y lo abrazó con fuerza, como si no quisiera que se fuera.
—Hablas como si me fuera del país. —Kevin sonrió burlón.
—Por cierto… —Laura susurró con timidez—. Tú y yo… ¿Cómo quedamos? —Sus mejillas se encendieron.
Él volvió a sonreír. El corazón le dio un salto al entender a lo que ella se refería.
—¿Cómo quieres que quedemos? —le preguntó con mirada seductora.
Laura no respondió con palabras, sino que lo besó en los labios. Kevin se quedó pasmado por unos segundos, pues no se esperaba aquel gesto impulso de parte de ella, pero pronto tomó el control de sí y correspondió ese beso que tanto había deseado.
Él le agarró el rostro para intensificar el jugueteo de labios.
Corrientes eléctricas viajaban por sus venas mientras saboreaba la boca de Laura con pasión, entrega y un hambre feroz.
Kevin rompió el contacto de labios para darle pequeños besos sobre el cuello, provocando que Laura se estremeciera.
—Es hora de irme —dijo él de repente, sacando a Laura del éxtasis del momento.
—¿Por qué siempre haces eso? —preguntó molesta.
—¿Qué es lo que hago, Ojos melosos?
— Eso… —Él la miró confundido—. Parar de repente y querer irte… —Él sonrió.
—¿Qué es lo que quieres? —Se encogió de hombros—. ¿Qué me quede aquí toda la noche?
—No me referí a eso —explicó, ruborizada.
—Yo tampoco me referí a cualquier cosa que haya pasado por tu mente. —Dejó salir una risita—. Estás muy picarona últimamente —bromeó, pellizcándole la nariz.
—Olvídalo. —Laura cruzó los brazos.
—Adiós, mi amor —se despidió Kevin, y la abrazó—. Cualquier cosa, llámame, no importa la hora —dijo ya en el umbral de la salida.
Laura sintió un amargor cuando la puerta se cerró tras él. Realmente se había acostumbrado a su compañía.
***
Dos semanas después…
—¡Kevin, mira! —Su mamá entró furiosa en la oficina de Kevin y dejó caer una revista sobre su escritorio.
—¿Qué es esto? —preguntó confundido—. ¿Mala crítica a tu desfile?
—¡No! Mi desfile estuvo bien hasta que esto se difundió. ¡Está en todos los periódicos y revistas del país!
—¡Cálmate, mamá! —le pidió él mientras hojeaba la revista. Sus ojos se abrieron al ver la fotografía de Frank con la cara ensangrentada. Había una foto de Laura y de él. Leyó el artículo y golpeó el escritorio—. ¿Qué es esto? —Se rascó la cabeza, visiblemente incómodo.
—¡Te dije que esa huérfana te traería problemas! —vociferó ella alterada.
—¡Ya basta, mamá! —gritó molesto, haciendo que ella se quedara quieta—. ¿No ves que ella es la más perjudicada?
—¡Te desconozco, Kevin! Mira cómo me hablas, a mí, que soy tu madre, por culpa de ella. —Sus ojos estaban húmedos—. No sé qué vas a hacer, pero debes resolver esto, Kevin — amenazó—. No voy a tirar todos estos años de arduo trabajo para mantener mi estatus social para que todo se derrumbe por tus estúpidos arranques.
Kevin respiró hondo para no perder los estribos. En ese momento recibió una llamada.
—Sí, lo acabo de ver, papá. —Asentía con la cabeza—. Sí, ya voy para allá. —Guardó su teléfono y salió de la oficina.
Mientras tanto, Laura estaba en un café con Lía, poniéndola al día de todos los sucesos de su vida y su relación no definida con Kevin, ya que la agenda de su amiga había estado llena en esos días por una gira teatral.
—Hola, Laura —le saludó una fotógrafa que había alcanzado fama en el área años atrás. Tuvo la oportunidad de trabajar con ella en un desfile de moda—. No sabía que tú y Kevin tenían ese tipo de relación.
Hubo un silencio tenso, pues el tono en el que hablaba se percibió malintencionado.
—Tampoco que le serías infiel con Frank Castillo y que Kevin le haya propinado una paliza brutal —prosiguió, burlesca—. No podía creerlo, siempre te vi tan disciplinada y tranquila… Pero eso explica muchas cosas, Laurita, ya que se me hizo extraño que surgieras de la nada. Nunca se me ocurrió que Kevin y Julián te hubieran hecho famosa a cambio… —la miró de reojo— de ciertos favores.
—¡¿Qué le pasa, señora?! —Lía se levantó irritada.
—No sé de qué hablas, Nila. —Laura la miró confundida y sorprendida de su ofensa. —Claro, te harás la inocente ahora. Pero bueno, una imagen vale más que mil palabras. Es este caso… —dejó una revista sobre la mesa— una imagen y un artículo. —Rio con sarcasmo y se marchó. Laura tomó la revista y se quedó impactada por lo que sus ojos veían.
