¡Mate! Capítulo 14: Mal humor

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Gia
El aire fresco me acaricia el rostro trayendo una sensación de alivio a la calentura que azota mi cuerpo. Me he bañado en el río varias veces y esta acción no ha sido capaz de apagar este fuego que solo una persona puede extinguir.
Observo el agua que se mantiene quieta, pero que su corriente es silenciosa y peligrosa. Así es esta pasión que me consume, debo disimularla, hacer de cuenta que nada sucede, mas por dentro muero de las ganas por él. Lo necesito.
Los arbustos alrededor del río son movidos por la presencia de alguien. Mi corazón late desbocado, mi respiración empieza a tornarse irregular y mi cuerpo es azotado por leves temblores. Sí, me estremezco al olfatear su olor, al reconocer al macho que debería ser mío, ese que mi loba reclama.
Y allí se muestra él imponente, con su cuerpo musculoso y grande, que pareciera ser tallado del mismo oro. Su cabello negro y lacio cae por su frente y cuello, asimismo, le cubre todo el antebrazo y me invita a jalarlo y apretarlo. ¡Y cómo no derretirme ante esa mirada de color oro y muy brillante! Esa que me observa con tanta intensidad, con ese anhelo de tomarme, de reclamarle. ¿Será que lo imagino?
Pero lo que hace que me lama los labios con necesidad, es esa boca llena y sensual que me invita a comérmela, a lamerla, a morderla… Sí, estoy que ardo del deseo, necesito a mi mate entre mis piernas; necesito que me tome, que me reclame, que me marque y yo a él.
Sus pasos en mi dirección son decididos y retumban en mi ser como terremoto, asimismo, alteran todo mi interior y me hace sucumbir en el caos.
Está tan cerca que nuestras respiraciones se hacen una, nuestras miradas se conectan y nuestros cuerpos se dan más calor del que ya los tortura. Aunque, esta calidez es agradable. Sus labios sobre los míos se sienten hambrientos, su lengua invade mi boca de una manera tan excitante, que me provoca llegar más allá que solo un beso y por ello voy…
Mi despertar es brusco, así como los latidos de mi corazón. Mi piel está mojada de sudor y mi pecho sube y baja gracias a mi respiración irregular. Ese sueño fue tan vívido y se sintió tan real, que todavía me recorren las corrientes eléctricas de aquel placer, de lo que su cercanía me provoca.
¿Tan mal estoy? No sé si es el efecto del celo o es que mi obsesión por Gael ya se está tornando grave. ¿Necesitaré ayuda para deshacerme de este sentimiento dañino? Porque solo sufro ante la frustración de no tenerlo, de saber que está con alguien más. ¿Hasta cuándo seré capaz de disimular? ¿Por cuánto tiempo podré reprimir a mi loba?
Me levanto de la cama meditando sobre mi futuro, que es demasiado incierto dadas mis condiciones. ¿Tendré algún trastorno mental? O es que soy demasiado masoquista. Es que no asimilo cómo es que todavía mi corazón se aferra a Gael. ¡Tan poca dignidad tengo!
Entro a la ducha y cierro los ojos al ser acariciada por las pequeñas gotas. Estas se llevan el calor mientras me recorren el cuerpo, trayendo un poco de alivio; no obstante, como siempre me falta algo, más bien, alguien. Y es inevitable imaginármelo aquí desnudo, pegado a mí…
¡Ay, ya basta!
¡Suficiente de Gael por hoy!
Con furia termino de bañarme, saco la ropa del armario con brusquedad y con la misma violencia me la pongo. Puesto que aplico demasiado fuerza al peinarme, me arranco varias hebras del pobre cabello, que no tiene la culpa de mi frustración sexual y romántica.
De mal humor entro a la cocina y no me molesto en saludar a ninguno de los presentes. Y ahí está la señorita víctima haciéndole ojitos a Gael, asimismo, busca cualquier pretexto tonto para llamar su atención. ¡¿Qué es lo que tiene Gael que todas se le lanzan?!
—Buenos días, Gia —me saluda Gael en forma de reclamo, mas yo hago una mueca como repuesta a su saludo lleno de ironía. ¡No lo soporto! Por su culpa estoy atrapada en un amor no correspondido, gracias a él no puedo saciar mis deseos sexuales ni hacer vínculo con nadie más. ¡Es su culpa por ser tan irresistible! ¡Por existir, por respirar! ¡Estúpido Gael!
Una carcajada de parte de él me saca de mis reclamaciones y desahogos mentales, lo que me hace entender que este idiota se metió en mi mente otra vez. ¡Cómo lo odio!
«Y yo te amo».
«Mentiroso, hipócrita; tú amas a Lía. Y no tanto, puesto que le coqueteas a esta desconocida. Ya te veo entre sus piernas en el río, así como te vi con Lía. Eres un puto de lo peor, ¡qué asco me daría estar contigo!».
Gael me evade la mirada y rompe el vínculo de forma brusca. ¿Qué? ¿Le duele la verdad? ¡Imbécil!
—¿Quieres huevos, querida? —me pregunta Tita, con toda esa dulzura que la caracteriza y la hace ser única.
—No, gracias. —Me levanto de la silla y me dirijo al refrigerador, de allí saco un pollo que mi señora madre tiene sazonado no sé para qué; luego enciendo la estufa, pongo una sartén en ella y empiezo a freír algunos pedazos; todo lo hago bajo la atenta mirada de los presentes, quienes me escudriñan como si fuera una cosa rara.
Después de que termino, pongo la bandeja que carga el pollo en el comedor y retomo mi lugar frente a Gael. Este me escudriña con rareza, pero no me importa. Estoy cabreada, necesitada y frustrada, solo una cosa me haría sentir mejor: devorar este pollo con rudeza. Y eso hago.

Agarro un muslo con una mano y mis dientes se entierran en la masa y arrancan su contenido sin nada de modales; mis labios se llenan de grasa en el acto y los sonidos desagradables de mi boca junto a unos gemidos salvajes se tornan insoportables para los demás, pero no para mí.
—¡Ya basta, Gia! —El alfa golpea la mesa, lo que provoca que esta tiemble y que los vasos y platos salten, debido a la fuerza que él le aplica—. Si vas a actuar como un animal, vete a comer a tu habitación o al patio. ¡Qué desagradable!
—¡Pero si eso somos! —replico con toda mi ira—. Unos animales salvajes y presos en este maldito vínculo que te ata a una persona, aunque esta te rechace. ¡Somos animales que actúan por instinto y no tienen elección! ¡Maldición! ¿Por qué tuve que nacer licántropo? ¡Odio mi naturaleza! ¡Odio quien soy y el no tener una salida! ¡Odio ser una obsesiva que tiene que conformarse con nada! ¡Ya basta! No quiero sufrir más… —Esto último lo mascullo entre llanto.
Tomo la bandeja con el pollo y lo aviento en el suelo. Sé que el alfa puede matarme por hacer este tipo de malcriadeza, por lo que salgo de la cocina a toda prisa. Una vez estoy en el patio, mi ropa sale volando en pedazos porque me convierto en loba con ella puesta.
—¡Gia! —grita Gael detrás de mí. Hago caso omiso a sus llamados desesperados y me doy a la huida. Esta vez, tal vez tenga suerte al caer al abismo y muera de una vez y por todas.

¡Mate!

¡Mate! – Capítulo 13: Hace calor ¡Mate! – Capítulo 15: Déjame aliviar tu celo
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