La risa de su amiga estalló cerca de su cara.
—¡¿Tanto te impresionó el bombón?! —Meneó la cabeza con gestos divertidos—. Necesitas un hombre, pero ya. No puedes seguir así; solo mírate, estás pálida.
—No fue eso lo que me impresionó. Tú y tus cosas —se quejó ofendida, pero sus manos aún temblaban.
—Amiga…, creo que ya es tiempo de que actúes como las personas normales. El primer paso a ello es olvidar esos sueños o, más bien, no darles importancia —aconsejó—. Mientras más te aferres a tu mundo de fantasías, más difícil será desenvolverte en la realidad.
» Mira como actúas con tan solo ver a un hombre que está bueno. ¿Sabes qué pienso? Que tus sueños son un grito de desesperación provocados por tu falta de vivir, ya que te la pasas encerrada en el trabajo y en tu apartamento, sola y sin acción.
» Te estás perdiendo de las cosas buenas de la vida porque, así como nuestro delicioso CEO, hay muchos hombres; por ejemplo, Marcos; es obvio que él babea por ti, mas tú te la pasas soñando con el nunca jamás. —Dio suaves palmadas a su hombro—. Ahora, corre a la sala de juntas antes de que Stone venga a regañarte.
—¡Cierto! —gritó, regresando a su realidad.
Si su amiga supiera que acababa de ver al hombre que protagonizaba sus sueños, ¿seguiría dándole esos consejos o pensaría que se volvió loca?
Después de pasarse los dedos por el cabello, Nora trató de entrar sin ser notada, lo que le resultó imposible, ya que todos estaban muy atentos al discurso del nuevo CEO cuando ella traspasó la puerta, robando la atención que estaba puesta sobre su nuevo jefe.
Para ella ese fue otro momento vergonzoso delante del prominente hombre. ¡Cómo deseaba que fuera uno de sus sueños! O, en este caso, pesadilla.
Las miradas atentas la siguieron hasta que ella tomó asiento, como consecuencia, su nuevo jefe tuvo que hacer un sonido con la garganta para recuperar la atención de los presentes. Ese era uno de esos días en que Nora deseaba que se la tragara la tierra.
—Señorita Allen, es su turno para presentar los informes de edición. —Este la despertó de su ensoñación, ya que ella se había perdido en la contemplación de ese hombre, que creyó que existía solo en sus sueños.
Nora se levantó de un respingo, muerta del susto y de la vergüenza, mientras que todos la observaban confusos por su extraño comportamiento, debido a que ella siempre se había reflejado como una mujer con mucho temple y autocontrol; sin embargo, en ese momento daba la impresión de ser una chica desubicada, que expondría por primera vez delante de sus compañeros.
—Ah… yo… —Trató de abrir las carpetas, pero como una mala jugada de la suerte, éstas cayeron al piso. Como resultado del accidente, los papeles que tanto había tardado en organizar se mezclaron entre ellos.
Nora trató de recogerlos y volverlos a poner en el mismo orden, mas su intento fue inútil porque sus manos temblorosas se lo impidieron.
La mente se le puso en blanco, los ojos se le llenaron de lágrimas y la voz se le quebró al pedir disculpas por su torpeza. De rodillas sobre el piso, ella recuperaba las hojas que se arrugaban al tocarlas, gracias a su nerviosismo y al bochorno que no la dejaban actuar o pensar como debiera.
Su antiguo jefe estaba rojo del coraje.
Él siempre había elogiado su capacidad y buen desenvolvimiento, pero en ese momento todo lo que había logrado se estaba destruyendo poco a poco ante sus ojos.
Algunos de sus compañeros se tapaban el rostro con vergüenza ajena, mientras que otros más maliciosos se reían y murmuraban entretenidos por su falta de coordinación. Ella no era una mujer que llorara con facilidad; no obstante, sentía que podría estallar en llantos en cualquier momento.
De repente, la sorpresa se expresó en su rostro cuando su nuevo jefe se arrodilló frente a ella y, con una sonrisa amigable, se puso a ayudarla a recoger y organizar los papeles dentro de las carpetas.
—No sé cuál es el orden, pero por lo menos estarán a salvo —dijo con amabilidad—. Cuando la junta termine, la espero en mi oficina. Le daré una hora para que los organice y recupere la compostura, puesto que necesito sus informes para estar al tanto de cómo funciona todo aquí. —Le guiñó un ojo con complicidad.
Desconcertada y un poco atolondrada, ella asintió en acuerdo y le agradeció con un susurro tímido. Nunca en su vida había estado tan avergonzada y conmovida a la vez.
Mientras que sus compañeros de años, personas que ella había ayudado, aconsejado y apoyado siempre, se burlaban de su error; un extraño, quien además era el dueño de la empresa y quien debería estar lleno de dudas del puesto que ella estaba ocupando, vino a su rescate.
Nora levantó en silencio y sin poder evitar quitarle la mirada de encima a su salvador. Edward, por su parte, tampoco disimuló su impresión y sus ojos miel mantuvieron el escrutinio sobre ella mientras estuvieron allí, provocando un mar de pensamientos y especulaciones en la mente de los presentes. Era obvio que esa junta desataría los más jugosos chismes e historias inventadas.
***
—Nora. —La voz de su antiguo jefe la espantó, ya que otra vez se encontraba ida en sus pensamientos. Creyó que había cerrado su oficina con llave, pero al parecer, lo había olvidado—. ¿Qué rayos fue eso? —cuestionó enojado.
—Siento mucho lo de hoy… —Lo miró avergonzada—. No sé qué me sucedió; usted me conoce…
—¡Porque te conozco te pregunto! —la interrumpió exaltado—. No te reconocí hoy, Nora. ¡¿Qué rayos te pasó?! ¿Acaso quieres que te echen de aquí? ¿O buscas hacerme quedar mal? ¡¿Qué te he hecho yo?!
—¡Claro que no! Yo nunca haría eso. Últimamente, he estado fuera de lugar… Yo… no sé —suspiró—; no estoy bien. —Las lágrimas amenazaron con salir—. Le prometo que me disculparé con el sr. Anderson. De todas formas, debo verlo en unos minutos para darle mi informe, así que aprovecharé el momento.
—¡Por supuesto que te disculparás! —Negó con gestos repetidos—. Por lo menos, él no pareció molesto y le restó importancia al asunto —razonó más relajado—. Pero ¿ustedes se conocían desde antes? Él no te quitaba los ojos de encima y tú te lo comías con la mirada.
Nora negó sonrojada. Por lo menos su jefe ya no estaba enojado y la paz volvió a ella.
—Nunca lo había visto…
«Solo en mis sueños», pensó.
» Es que se me pareció a alguien, eso es todo.
—Bueno —dejó salir un suspiro—, te dejo para que termines y, por favor, vuelve a ser tú y demuéstrale al señor Anderson de qué estás hecha. —Se despidió con una sonrisa y salió de la oficina.
Nora miró el reloj y notó que solo faltaban unos cinco minutos para el encuentro con su nuevo jefe, razón por la que los nervios la invadieron otra vez.
—Esto vez, no —se auto aconsejó—. Contrólate, Nora; debes calmarte. —Exhaló un último suspiro, tomó los papeles y se dirigió hacia la oficina de su nuevo CEO.
Subió al próximo piso y pronto se encontró con el escritorio de la asistente de su jefe, quien le comunicó a él por el teléfono que ella estaba allí. Con una sonrisa cortés le dijo a Nora que podía entrar, pero ella se quedó petrificada frente a la puerta, tratando de recuperar el ritmo normal de su respiración.
—Puedes abrir la puerta —le indicó la joven con una sonrisa, al darse cuenta de que ella no movía ni un músculo.
Como respuesta, Nora asintió y abrió la puerta con lentitud. Al entrar, se encontró con esa mirada miel e intensa que la hizo temblar, otra vez.
—Tome asiento. —Edward extendió la mano hacia la silla que estaba frente a su escritorio.
Nora se sentó con timidez, algo que no era propio de ella, y miró de reojo la oficina. Muchas veces había entrado allí, pero nunca se imaginó que estaría frente al hombre de sus sueños dentro de aquellas cuatro paredes, en especial despierta.
Ella notó que ya había algunos cambios allí, asimismo, que la oficina que el Sr. Stone ocupó por muchos años lucía más moderna, aunque no había perdido la elegancia y el lujo que la identificaba como a la mejor oficina del edificio. El Sr. Stone siempre tuvo buen gusto y, al parecer, su sucesor no se quedaba atrás.
—Quiero… —Su voz se quebró al ver que él le fijó la mirada cuando ella empezó a hablar. Tomó aire para ganar compostura y prosiguió—: Quiero disculparme por lo sucedido hoy en la junta. No suelo actuar así, lamento mucho lo ocurrido…
—Tuvo un mal día, no se preocupe. —Él la interrumpió—. Se lo dejaré pasar por hoy, pero no suelo ser tan generoso. —Su mirada le pareció intimidante—. Me gusta que las personas con las que trabajo sean competitivas y tengan la cabeza bien puesta, así que espero que ese comportamiento poco profesional no se repita. No solo se debe al hecho de que no pudo sostener la exposición de su informe, sino que también, llegó tarde, interrumpiendo la reunión. —Ella asintió avergonzada—. Bien —él sonrió—, ya que todo está claro, empecemos.
Fue una hora incómoda para Nora, puesto que su nuevo jefe no le quitaba los ojos de encima y ella tuvo que fijar la mirada en los alrededores para no descomponerse. Pese a su incomodidad, dio su informe con nitidez y profesionalismo, y esa habilidad que la caracterizaba.
—Vaya, muy bien, Srta. Allen. Ahora veo a la persona de la que el Sr. Stone habló con tanto orgullo —Edward la elogió. Sonrió con esa sonrisa perfecta, que le estaba causando estragos a Nora y que le provocaba latidos eufóricos e intensos a su corazón.
—Gracias. —Ella sonrió de vuelta. Él se estremeció al ver su sonrisa. Era la primera vez que la veía sonreír y quedó prendido por esos hermosos labios.
—Una pregunta… —la abordó, tratando de ocultar su nerviosismo—. ¿Nos hemos visto antes? —Ella se estremeció por completo y casi ríe ante la ironía. ¿Como decirle que soñaba con él?
—No creo —negó con inseguridad.
—Lo siento. —Volvió a sonreír—. Creo que se me hizo familiar… Si soy sincero, me imaginé que le di la misma impresión, dado que no dejaba de mirarme… —Ella tosió al escucharlo, debido a los nervios y el bochorno.
—Me disculpo por eso. —Cerró los ojos, muerta de la vergüenza—. No fue mi intención incomodarlo. Si lo soy honesta, a mí también se me hizo familiar —respondió sonrojada y buscó la mirada miel que la escudriñaba sin reparos.
Mala idea.
Sus ojos se encontraron y era como si estuvieran atrapados en los orbes curiosos, que se atrajeron como el magnetismo al imán.
¿Qué sensación era aquella? ¿Cómo podía sentir nostalgia de alguien que apenas acababa de conocer?
